Cartas al director
La factura de una guerra absurda
La incertidumbre y el nerviosismo se han instalado en el sistema financiero y bursátil este fin de semana ante los indicios de prolongación de la guerra en Irán. El país persa ha mostrado una fortaleza militar propia de quien lleva décadas preparándose para oponer a la superioridad armamentística y tecnológica de Estados Unidos una prolongación de las hostilidades que empuje a Occidente a una crisis económica insoportable para sus gobiernos. La elección de Mojtaba Jamenei pone de manifiesto que el complejo militar iraní más doctrinario ha impuesto sus posiciones y ha eliminado cualquier atisbo de salida negociada. Los economistas llevan años teorizando sobre las posibles consecuencias de un cierre del estrecho de Ormuz, un corredor energético por el que pasa una quinta parte del petróleo mundial y del gas licuado del mundo. Los analistas han planteado escenarios que van desde el más benévolo a la caída del 3,5 por ciento de la producción mundial, con un petróleo a entre 100 y 110 dólares durante mucho tiempo, si la situación se prolonga, según el Instituto de Finanzas Internacionales.
Sólo una descripción del contexto evidencia la importancia vital que tiene para Europa dar pasos efectivos para lograr su autonomía energética. Los precios de las materias primas están lejos de los del inicio de la guerra de Ucrania, pero las instituciones no pueden seguir con titubeos en esta cuestión y deben abordar el suministro energético utilizando todo su potencial sin apriorismos ideológicos. En España, la autonomía estratégica pasa necesariamente por la racionalidad y, especialmente, por la distribución. Cada día se pierden cientos de megawatios en una red obsoleta, mientras decenas de proyectos industriales se aplazan porque el 87 por ciento de los nudos están colapsados, un escándalo para un país que ha perdido demasiados trenes de desarrollo.
Las decisiones en este sentido tanto del Ministerio de Transición Energética como de Red Eléctrica y la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia no hacen sino agravar una situación de dependencia hacia los vaivenes de la geopolítica internacional y habrá que exigir responsabilidades por ello. Y del mismo modo, la situación en el Golfo pone en evidencia también la calamidad que suponen las políticas populistas en la vida cotidiana de los ciudadanos.