Cartas al director
Los iluminados
Entre los humanos no hay peor especie que la de «los iluminados», unos homínidos que se creen elegidos para salvar el país y si se tercia el mundo. Se creen tanto su papel que en el gran teatro del mundo representan el papel principal con la idea de dominar todo el escenario con sus artes. Estas las ensayan en privado, ante el espejo, y luego cuando han de salir ante el respetable se maquillan convenientemente para aparecer como el astro más brillante. En nuestro tiempo, estos «iluminados» proliferan como la mala hierba de oriente a occidente y todos los conocemos porque su vocación es la de hacerse notar.
Trump y Putin pugnan por alcanzar la jefatura mundial y sojuzgan al resto del mundo con sus macabras decisiones que suelen terminar en sangrientas guerras. Pero además existen otros personajes con esa vocación de alumbrar al mundo, como nuestro cercano Pedro Sánchez, que suele rodearse no de los mejores, sino de aduladores a los que premia con las más diversas gabelas porque la corrupción es el caldo de cultivo de esos acólitos. Y les importa un bledo la democracia. Y además existen verdaderos enfermos mentales, de sanatorio psiquiátrico, que han conseguido llegar al poder merced a sus dotes trepadoras, y que disfrutan con la sangre, como ese Netanyahu, que juega cada día a bombardear a quien le place. O esos ayatolás iluminados por el integrismo islamista que asesinan a quienes piden libertad.
El mundo está preñado de seres anormales que merced a sus patologías se erigen en dirigentes porque el común de las gentes se desentienden de luchar por el poder, pero tenemos la obligación de detectar a esos «iluminados» y uniformarlos con una camisa de fuerza.