Cartas al director
El maltrato invisible
Vivimos en una sociedad muy concienciada con el maltrato a la mujer, la sororidad, el «hermana yo sítte creo», la violencia vicaria… todo ello con la simple palabra de la mujer, que prácticamente es ley, porque las mujeres no mentimos… pero ¿qué pasa cuando esa violencia, es ejercida por la mujer?
El maltrato invisible y silencioso que muchos hombres sufren a manos de las madres de sus hijos, es un maltrato de trazo fino, psicológico, un hostigamiento silencioso, diario, chantajeando y extorsionando con prepotencia y sin pudor, sabiéndose en una situación de superioridad frente al varón, minando emocionalmente al hombre que lo sufre, utilizando a los hijos para hacer daño al padre (pero aquí no es violencia vicaria), al que quieren aniquilar completamente de la vida de los hijos, por el único motivo de que en sus parámetros y perspectiva, los hijos son una propiedad suya, pues así los tratan, y en ese manejo y utilización de los hijos, los padres sobran, y cuanto más estrecho, sano y fuerte es el vínculo de apego de esos hijos con los padres, más les molesta a estas mujeres, carentes de empatía con sus propios hijos, y con una crueldad infinita a la hora de restringir, torpedear, obstaculizar esa relación tan necesaria de los hijos con esos padres buenos, protectores y amorosos, que tragan y tragan por ellos, tantas situaciones de maltrato, hostilidad, ninguneo, desprecios, imposiciones y sometimiento a los antojos de esas madres crueles, cuyo único objetivo es aniquilar a la figura paterna, porque a ellas les sobran los hombres, y les molestan los hombres buenos, pues por definición, el hombre es el enemigo malo.
Mas allá de tanto sufrimiento y dolor como tienen que padecer los hombres sometidos a la dictadura e intransigencia de estas mujeres, está el daño irreparable que les están ocasionando a sus hijos, sin dejarles ser felices en su infancia más temprana, lo cual, lo más probable es que tenga repercusiones muy graves e incluso irreparables en su vida adulta.
El interés superior de estos menores no está teniendo la protección que merece, por el mero hecho de que ese maltrato lo está infringiendo la madre, y no el padre, y por ello es invisible y silencioso.