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Cartas al director

El país de la eterna sobremesa

Confieso que hay días que me decanto por el periódico en papel, no por romanticismo, sino porque al menos eso no me pide actualizar cada dos minutos ni me recuerda que acepte cookies como si fueran rosquillas de pueblo. Y así, entre titular y titular, una descubre que la actualidad española se parece cada vez más a una comedia de enredo, pero sin gracia ensayada y con demasiado figurante opinando.

La inflación aprieta, sí, pero lo hace con educación británica: sin levantar la voz y vaciando el bolsillo con una sonrisa. Mientras tanto, nuestros dirigentes se enzarzan en debates que recuerdan más a una sobremesa familiar que a un Parlamento: mucho ruido, poca nuez y algún cuñado ideológico que siempre tiene la última palabra, aunque no tenga la razón ni de visita.

Se habla de «relatos» como si la política fuera novela y no gestión, y debe serlo, porque hay capítulos que no entiende nadie y personajes que reaparecen cuando una juraría haberlos visto morir en la temporada anterior. Eso sí, la realidad –esa señora sin community manager– sigue a lo suyo: la compra sube, el alquiler vuela y el sueldo se queda haciendo estiramientos.

Con todo, no pierdo la esperanza. Este país ha sobrevivido a cosas peores y, sobre todo, a políticos mejores. Quizá bastaría con menos pose y más poso; menos tuit y más trabajo. Y si no, siempre nos quedará el humor, que es la única energía verdaderamente renovable en España.

Carmen G. Coello

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