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Cartas al director

Badajoz Day

En la noche del 6 de abril de 1812, ordenado por Wellington, tuvo lugar el sangriento asalto final del tercer sitio de Badajoz que había comenzado el 16 de marzo. El ejército anglo-portugués tomó la ciudad a las fuerzas francesas (y alemanas) que la ocupaban, poniendo fin a una de las batallas decisivas de la Guerra de la Independencia. El asalto, previa toma del Fuerte de la Picuriña, estuvo marcado por intensos combates en las brechas abiertas simultáneamente en los baluartes de la Trinidad y Santa María, la escalada de la Alcazaba y el baluarte de San Vicente, con el resultado de más de 5.000 bajas aliadas. Con este motivo el ejército británico conmemora este asalto, cada año, como el «Badajoz Day», izando una «casaca roja» como bandera en el castillo de Nottingham (Inglaterra) tal y como se izó en Badajoz para indicar su toma: En esta celebración destacan la dureza del enfrentamiento, pero se olvidan que, tras la victoria, la ciudad sufrió un brutal saqueo por parte de las tropas aliadas ensañándose con la población civil, se emborracharon, vandalizaron, robaron, asesinaron y violaron sin que nada pueda justificar la barbarie que hoy sería calificada claramente de «crímenes de guerra».

El 6 de abril en Badajoz no es solo una fecha en el calendario, es un símbolo que rememora (no una celebración), un terrible recuerdo de su historia y de la Historia de España. Un hecho que en vista de las circunstancias actuales también nos tiene que recordar que los «Aliados» tienen, como tuvo Inglaterra en la Guerra de la Independencia, sus propias agendas e intereses que no siempre tiene que coincidir con los propios. Aliado no significa amigo. Los estados no tienen amigos ni enemigos permanentes, sino intereses compartidos. Seamos claros: La política exterior debe estar guiada por la seguridad, la economía y el beneficio propio, no por lazos afectivos. Las «alianzas coyunturales» son acuerdos estratégicos para lograr objetivos comunes en un momento dado y que duran mientras los intereses son comunes. Dos países pueden ser aliados militares (como ocurrió durante la Guerra de la Independencia con Inglaterra y España) y, al mismo tiempo, ser rivales económicos y comerciales (lo que motivó determinadas «destrucciones» causadas por los ingleses).

En resumen, un «aliado» es un «socio estratégico», no un «amigo». Las relaciones internacionales son pragmáticas, a veces incluso cínicas, dónde la lealtad dura lo que dura el beneficio mutuo y haríamos bien en tenerlo en cuenta.