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Cartas al director

Pilatos y la neutralidad

Serían largas de detallar las conclusiones que se pueden extraer de cómo se ha vivido esta Semana Santa en mi pueblo, 1900 habitantes.

Cuando se ejercitaba la memoria, ahora tan menospreciada, todos sabíamos recitar el «No me mueve mi Dios para quererte/ el Cielo que me tienes prometido…»

En la Granja de los últimos cincuenta del siglo pasado, casi nueve mil habitantes, había seis procesiones. Hoy, con mil novecientos, nueve, pero la asistencia, de pena.

Es de suponer cuando los días de precepto acuden a misa cuatro gatos.

Monseñor Argüello nos lo recuerda: «Los viajes, el turismo y el espectáculo dan una dimensión nueva a las tradiciones, pero también las desafían con el riesgo de un reduccionismo que robe su alma».

El pueblo ha estado a rebosar de «turistas» y los bares, DJs de pacotilla incluidos, a tope, incluso a la hora de salir el Santo Entierro. Para más inri, el ruido ensordecedor , obligando a comunicarse a gritos.

El «No a la Guerra» tiene en Semana Santa una analogía con Pilatos, el que se lavó las manos. El simplista y falso «No a la guerra» me recuerda también a un artículo que publicó Romanones en el Diario Universal de Madrid el 19 de agosto de 1914.

Entresaco algunos párrafos: