Cartas al director
La paradoja educativa
Desde muy pequeños hemos escuchado la típica frase: «Vísteme despacio, que tengo prisa». Hacer las cosas demasiado rápido muchas veces puede ser peor que hacerlas con calma, y en esto probablemente todos estaremos de acuerdo. Sin embargo, ¿por qué, al llegar a Bachillerato y a escasos meses de la Selectividad, aumenta tanto la velocidad de las clases?
Es evidente que el temario es muy extenso y no considero que deba recortarse, pero sí cambiar la manera en la que se gestiona. He visto compañeros de dieces llegar a Bachillerato y pasar a tener una media de cinco. No considero que sea por falta de capacidad, sino por un cambio de ritmo que les sobrepasa.
Si realmente queremos una buena educación, no deberíamos hacerlo todo deprisa, sino empezar por construir una base sólida desde el inicio y que permita enseñar de forma gradual. Solo así el aprendizaje dejará de ser una carrera contrarreloj angustiante que quema a los alumnos y volverá a ser un proceso de formación real.