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Cartas al director

Guernica

Que el partido del racista Sabino Arana, con Pradales Gil a la cabeza, nos dé ahora la matraca con el traslado del Guernica a Bilbao como «reparación y memoria histórica» del Estado español a los vascos, es de un cinismo e impostura sin parangón, y eso que los nacionalistas vascos, como los catalanes, son expertos en esa disciplina. El bombardeo de Guernica no fue el único ni el más mortífero de la guerra. Los hubo, con efectos similares, en Cabra (Córdoba) y Huesca entre otros. El imprescindible estudio de Salas Larrazábal en su exhaustiva búsqueda de la verdad: Guernica: El Bombardeo. La Historia frente al Mito, cifró en 126 los muertos registrados, frente los casi 2.000 que informó entonces el presidente Aguirre, y los 3.000 del cónsul británico en Bilbao.

El bombardeo se utilizó como arma de propaganda, y se convirtió en mito desde que el Guernica, que Pablo Picasso pintó en su estudio parisino donde pasaba la guerra, fue exhibido en el pabellón español de la Exposición Internacional de París en 1937. Y su manipulación continúa, ahora a raíz de la puja soberanista entre PNV y Bildu. El mismo PNV, recordemos, que en 1937 traicionó a la República al no destruir las fábricas de Vizcaya, favoreciendo así al bando nacional, y que pactó secretamente con el Ejército italiano en Santoña la rendición de los gudaris y su evacuación a Francia. El mismo que pactó en Estella con ETA y que recogió tantas nueces manchadas de sangre. El que traicionó a Rajoy en su moción de censura, y desprecia a la nación española cuya Constitución le otorga el autogobierno y el cupo.

Sin embargo, no descarto que el Guernica acabe en el Guggenheim, al fin y al cabo entre cínicos y traidores anda el juego.