Los jugadores del Real Madrid celebran un gol en el Santiago Bernabéu
La trampa que prepara Arbeloa para conseguir la remontada en Múnich
La charla interna jalea al equipo: «No podemos permitir que la temporada se acabe este miércoles, debemos jugar para clasificarnos como sea»
«Es como un regalo de Dios»: la sensación de Mbappé cuando viste la camiseta del Real Madrid
Fuerza mental y potencia física. Agresividad y decisión. Personalidad y convencimiento en la victoria. Debemos llevar la iniciativa, no dejarles tomar el mando, porque sus ochenta mil seguidores esperan eso. Hay presionar arriba desde el primer segundo, no dejarles jugar. Álvaro Arbeloa tiene muy claro lo que el Real Madrid debe hacer en el Allianz Arena y el quid de la cuestión es si sus futbolistas serán capaces de hacerlo.
El entrenador madridista ha planificado la batalla del año como una partida de ajedrez y la clave es abrir la partida con blancas, la camiseta blanca, y no dejar que el Bayern lo haga, alentado por su público. El técnico español no quiere que su equipo permita que los alemanes les acogoten, necesita vencer y lo que debe hacer es enfriar a ese público enfervorizado y demostrar que aquí está el Real Madrid para intentar dar un golpe de Estado a la Champions. Es el reto.
El preparador salmantino conoce bien el paño de la Copa de Europa. Ha vivido como futbolista lo que es jugar en grandes campos frente a los principales rivales continentales y sabe soportar la presión. Ahora lo hace como responsable de una plantilla y ya lo ha vivido en las eliminatorias frente al Benfica y el Manchester City, superadas con éxito. Esta noche ataca el duelo más difícil, jugando a domicilio, con la necesidad de ganar para clasificarse. El Real Madrid perdió la partida en el Bernabéu y Arbeloa exige a sus hombres devolver el golpe y vencer en Múnich. No será sencillo y la meta es pelear la posesión de balón.
El responsable deportivo del Real Madrid se juega su futuro y pide a sus pupilos que ganen como sea esta eliminatoria, demostrando el carácter que ha tenido históricamente este club. Arbeloa destaca ante la plantilla que si caen eliminados en Alemania la temporada habrá acabado para todos. Les ha hecho pensar en la cocina. Que no permitan esto. Es inadmisible que la campaña se acabe este miércoles en Múnich. No lo deben aceptar. Esta noche tienen que jugar con coraje, dándolo todo, con velocidad, fe, espíritu positivo, haciéndose respetar por el rival, para intentar la remontada. Les va a todos en ello. El Real Madrid no puede cerrar la temporada en la primera quincena de abril.
Dar un golpe sobre la mesa
La reflexión ha jaleado a la plantilla y los líderes del grupo han cogido ese testigo: «Debemos creer en nosotros mismos porque somos capaces de ganar al Bayern, como ya se vio en el partido de ida». El análisis añade un jalón de optimismo para el futuro que tiene mucho fundamento: «Si eliminamos al Bayern será un punto de inflexión, habremos dado un golpe sobre la mesa». El hipotético éxito cambiaría toda la opinión de la Champions y de las opciones del Real Madrid. Pasaría a ser uno de los favoritos. El primero que creería peligrosamente en sí mismo sería el propio Real Madrid.
Peligroso para los demás. Los futbolistas más jóvenes han asumido la responsabilidad que los mayores les transmiten. Todo el ambiente de resignación que reina en las mentes del madridismo se transformaría radicalmente si el Real Madrid ganara la batalla de Baviera. Los veteranos del lugar dicen que eso es lo que deben conseguir. El Real Madrid ha labrado la fama de las proezas cuando nadie creía en él. Esta es una de esas ocasiones. Toca corneta, Rüdiger. Hay que ir contra corriente. Hay que dar la sorpresa. Toca dar la sorpresa. Los pupilos de Arbeloa se han puesto el mono de trabajo mental porque saben que toca pelear lo indecible
El técnico del Real Madrid, Álvaro Arbeloa, en el duelo de Champions League ante el Bayern
El entrenador blanco ha hablado muy claro con sus hombres sobre la estrategia que deben imponer en el campo para vencer al eterno enemigo alemán. Lo primero es presionarles desde arriba, morder. Mantener esa presión durante el mayor tiempo posible de los noventa minutos, porque es lógico que no puede hacerse todo el partido. Y cuando no haya pressing deberán estar muy compactos en la retaguardia, defender muy bien, sin cometer fallos graves, sin dar pases malos como el que costó el segundo tanto alemán en Madrid. En esa misma dirección deben entrar con fuerza y dureza, no demostrar debilidad, como sucedió en ese segundo gol visitante.
Esta estrategia del sistema destructivo es la premisa defensiva para atacar después en busca de una victoria necesaria. Mbappé, Vinicius y Bellingham tienen que demostrar su liderazgo y crear fútbol para conseguir goles. El técnico ha ensayado jugadas veloces con el objetivo de explotar la rapidez y la clase del francés y del brasileño, fundamentales para dar la estocada. Pero el inglés también suma cuentas pendientes con la afición madridista y debe dar el do de pecho en Múnich. Güler tiene trabajo. Debe ser quien dibuje los mejores pases para Vinicius y Mbappé.
La importancia de la defensar
Estos son partidos en los que los líderes del equipo deben inocular moral y fe a sus compañeros, antes, durante y después. En el césped y en el vestuario. Rüdiger, Militao, Bellingham y Valverde son los jefes mentales del grupo. Poseen carácter, determinación, confianza en sí mismos. Ellos deben dirigir a sus compañeros, aconsejarles, exigir rabia y trabajo, o pedir calma en las situaciones límite. Ellos son los que deben llevar el tempo del partido para que Vinicius y Mbappé consigan la gesta.
Arbeloa ha trabajado todas las estrategias futbolísticas y también estas tácticas psicológicas para saber manejar al grupo en un partido de este calibre. Sobre todo, lo que los jefes del equipo deben conseguir es que no se pierdan los papeles. Habrá ochenta mil aficionados en contra y deben firmar la remontada. Un solo gol de diferencia basta. Tendrán que mantener la calma dentro de la agresividad que exige el partido y de la imperiosa necesidad de la victoria. Arbeloa y los capitanes han hablado al grupo para que los futbolistas se evadan del ambiente y sepan que todo lo que ocurra en el partido solo se juega en el césped, el ruido exterior es mero espectáculo.