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Cartas al director

Lecciones húngaras

Dolor de muelas de juicio en la izquierda española. Después de tanto esperar el fin de Viktor Orbán en Hungría, por fin, tras el desgaste de 16 años en el poder y de acusaciones muy serias de corrupción y de modos de gobierno propios de un autócrata, ha sido ampliamente derrotado en las elecciones del 12 de marzo 26. Pero, ay, pena, penita, pena. Resulta que la distribución de la Asamblea Nacional, de una Cámara, no contará con un solo diputado de los partidos de izquierdas. Ni uno.

Porque el ganador, Péter Magyar (138 escaños), procede del partido de Orbán (55 asientos), del que se escindió hace muy poco, y está adscrito en Europa al Grupo Popular. De la ideología de Fidesz, el partido de Orbán, no hace falta hablar; mientras que el tercer grupo con representación, Nuestra Patria (6 escaños) está a la derecha de los dos anteriores. Como si el Congreso de los Diputados español estuviese ocupado en exclusiva por PP, VOX y SALF. Retengan, ni uno. Silencio radio.

Casi seguro que ha habido voto útil masivo a Magyar por hartazgo de Orbán. Pero pregunten también por los años de comunismo de 1948 a 1991, y por 1956. Los que afirmaban que Orbán no reconocería el resultado, callan ahora. Felicitó a Magyar por el triunfo cuando estaba escrutado el 80% de los votos. ¡Cuánto sabiondo malsano! Por cierto, la participación ha sido del 80%, nada del escueto 65 que suele campar por aquí. Y finalizo recordando que el presidente de la nación, Pal Schmitt, dimitió en 2012 por una acusación de plagio en su doctorado; y en 2024 lo hizo la presidenta Katalin Novák por un indulto ampliamente contestado por la sociedad magiar. ¡Cuántas lecciones húngaras!