Cartas al director
Un resentimiento precoz
El resentimiento social es un sentimiento muy arraigado, con raíces muy sólidas y profundas, que en la mayoría de las personas que están intoxicados por él hay que retrotraerse hasta su infancia para explicarlo. Valgan como prueba de lo que digo estos dos ejemplos:
Julia Otero ha afirmado en una entrevista:
«Yo voto a favor de los principios porque votó pensando en la niña que fui, en la familia en la que me crie, familia de emigrantes gallegos que llegan a Barcelona, currantes, trabajadores, que vivían en un barrio obrero como era Poplasielle y por tanto mis principios que se cimientan en esa niña que he sido, en toda mi historia y trayectoria personal siguen siendo los mismos».
Tú no votas a favor de tus principios Julia, tú votas a favor de tu resentimiento social que todavía te domina.
Con Joaquín Sabina, vaya por delante mi admiración como cantautor, pasa tres cuartos de lo mismo, otro resentido social que todavía no lo ha superado.
Cito textualmente sus palabras:
«El de los Reyes Magos era un día muy triste. Vivía en una plaza donde los niños iban a enseñar sus juguetes. Los ricos llevaban una bici y yo, un aro. Me cagaba en la madre que los parió.».
Hay un artículo a propósito de esta anécdota en la que Antonio Martín Beaumont dice:
«Yo no noté esas diferencias. Había niños con más. Y niños con menos. Claro que sí. Pero jugábamos juntos. Porque el problema no era el aro ni la bici. El problema era empezar a mirar al de al lado como rival antes que como compañero de juegos. La infancia no debería ser un ajuste de cuentas. Es un lugar donde nadie tiene que explicar por qué juega con un aro o una bicicleta».
El resentimiento social se debe en la mayoría de los casos a un trauma de la infancia que te ha sobrepasado de por vida, un odio que la vida te ha inoculado en tus primeros años por pura envidia, un sentimiento que a esa edad resulta psicológicamente devastador tener.