Cartas al director
El IVA Cultural
Acabo de enterarme por el telediario de que Cecilia Fernández y Ruiqi Jinzhang han conseguido las notas más altas de la PAU en Galicia y en Murcia. Los guarismos arrojaron un 13’72 y un 14 respectivamente. ¡Qué barbaridad! En mis tiempos la máxima calificación podía contarse con los dedos de ambas manos, y nos dábamos con un canto en los dientes si lográbamos obtener el cinco pelado. Cuando alguno superaba la nube del cascajo hacían fiesta en el colegio, procesión por las calles del pueblo y al afortunado le enviaban a los Juegos Florales y le regalaban una caja de rotuladores 'Potombo'. Y es que los hombres y mujeres del mañana éramos, entonces, un poco tarugos. Yo recuerdo que un día llegó mi padre a casa hecho un basilisco después de hablar con el vecino. Este recién había venido de Portugal y le había contado que sus hijos eran tan listos que sacaban onces y doces. Mi padre no reparó en lo avanzados que estaban en materia educativa en las tierras lusitanas –que hasta habían roto la barrera del diez–, porque solo le rondaba por la cabeza la esperanza de que llegáramos a ser licenciados algún día. Y no había manera. Total, que estuve un mes a pan y agua, sin recibir la paga de los domingos y sin poder ver los últimos capítulos de Mazinger Z.
Dicen que Cecilia quiere ser doctora y que Ruiqi se inclina por el Derecho. Justo lo que España necesita: profesionales de la Medicina que aumenten el número de los que están en huelga y jurisprudentes que se hagan cargo de los casos por corrupción que se acumulan en los juzgados. Pero seguimos a la zaga de los de más allá de la Raya, porque si les hemos alcanzado en lo de las puntuaciones, aún nos queda por igualar su IVA Cultural.