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Cartas al director

Cambalache

Era muy joven cuando vi en TVE, hace ya muchos años, el primer tango que yo recuerdo y la impresión que me causó: Cambalache. «Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé»... Pregunté a mi padre que significaba su título. Con su explicación y con el tiempo descubrí esta obra maestra que utiliza esta palabra como metáfora para describir una sociedad en la que los valores morales se mezclan, se pierden y se igualan.

La corrupción ha dejado de ser una línea roja en la política española para convertirse en un burdo objeto de mercadeo. Frente a la incesante catarata de escándalos que asedia al PSOE, la respuesta del arco parlamentario dibuja un paisaje desolador, peor que el de la dana, donde la ética pública ha sido sacrificada en el altar de la conveniencia.

Por un lado, el Partido Popular y Vox llevan «vidas paralelas», como diría Plutarco, por no decir que libran una batalla paralela. Los populares intentan desgastar al Gobierno con una estrategia institucional y judicial «de manual», pero a menudo se ven lastrados por la sobreactuación de Vox, cuyo ruido mediático fragmenta la contundencia de la alternativa constitucional que se niegan a coordinar y difumina la gravedad de los hechos.

Aun así, el espectáculo más bochornoso lo protagonizan los «socios de investidura» de Pedro Sánchez. Partidos que antaño hicieron de la regeneración democrática su bandera, formaciones nacionalistas, extremistas e independentistas, contemplan hoy las ramificaciones del presunto contubernio socialista con un silencio cómplice y sepulcral. Su condescendencia, evidentemente, no es gratuita: es el precio de mantener un gobierno débil del que extraer todas las prebendas políticas y territoriales que puedan.

España asiste así a un pacto implícito de supervivencia. La gravedad de las sospechas que recaen sobre Moncloa y su entorno exigiría una respuesta unánime y categórica. En su lugar, el sanchismo y sus «aliados» han decidido normalizar la descomposición moral a cambio de cuotas de poder. Es la degradación absoluta de las instituciones que nos lleva a días oscuros, un cambalache de la impunidad que hiere de muerte la credibilidad de nuestra democracia y de nuestros políticos.

Félix Eugenio García Cortijo

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