Cartas al director
Alexander Lukashenko
A punto de cumplir 72 años. En el poder 31 años. Bielorruso, elegido para el Soviet Supremo de Bielorrusia en 1990. Ganó las primeras elecciones presidenciales democráticas en julio de 1994. Dependencia política y económica del Kremlin. Cede su territorio para la invasión ucraniana de 2022. Aliado fiel de Vladimir Putin. Quien duda.
En 1995, tras referéndum, cambia los símbolos nacionales, establece la cooficialidad del ruso y se otorga la prerrogativa de disolver las cámaras legislativas antes de concluir la legislatura «en el caso de violaciones sistemáticas o severas de la Constitución». Al filo de su primer mandato presenta como principal éxito la recuperación de la economía y prolonga automáticamente el mandato presidencial. Vencía en 1999 y pasa hasta 2001, con un refuerzo adicional (poderes ejecutivos y decisiones presupuestarias).
Excluye a su oponente político, Sviatlana Tsijanóuskaya, en las elecciones de 2020.
El 27 de febrero de 2022, tres días tras la invasión de Ucrania, celebra un referéndum de reforma constitucional: elimina el estatus no nuclear del país y reintroduce el límite de los dos ejercicios presidenciales consecutivos de cinco años. Quedaba facultado para seguir gobernando hasta 2035.
El 26 de enero de 2025 fue reelegido para un séptimo mandato quinquenal con el 86,8% de los votos.
Cuatro grandes hitos en 30 años: «hasta 2027 y mas allá».
Muy bien. Y ahora, 2026, Putin lo presiona.
Su opositora, exiliada en Vilna tras perder las elecciones, sospecha que Lukashenko se está rearmando, coopera estrechamente con las fuerzas rusas, legisla en términos belicistas y despliega fuerzas en fronteras de Ucrania y Polonia.
Plutarco en «Vidas paralelas» lo deja descrito: Uxor Caesaris ne suspicione quidem subicienda est. El Cesar tampoco debe pero copia guion.
Y mientras Europa con las cosas de su ombligo. Y sin verlo muy claro.