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Cartas al director

Bronceado estilo Moncloa

Ayer dormí más tranquilo porque tenemos un presidente que se broncea e hidrata cuando llega el verano. Hasta Pedro Sánchez no tenía yo claras las bondades de semejantes actuaciones en el momento del estío, pero la tranquilidad, parsimonia y franqueza con que el presidente recomienda estas cuestiones, no dejan lugar a la duda. Un jefe de gobierno que se hidrata no puede transpirar mala leche ni hedor. Exhala cualquier atisbo de mal humor o querencia por lo ajeno, se convierte en hermanita de la caridad laica, pon tu mano en la mano sobre la mano del Padre Ángel y su bufanda roja. Un presidente que se da cremita por las mañanas contra la radiación solar no puede permitir una cueva de hurones en su gobierno. Los hubiera fulminado con un chorro de champú sobre los ojos. Creo que Pedro Sánchez va a ser Nóbel de la Paz más pronto que tarde.

Si Gandhi se llevó una multitud tras sí, Sánchez cogerá a los quemados de la corrupción y les dará cremita en la espalda para que no les duela la celda. En el fondo, es un poco Teresa de Calcuta sin toca, ¿A que lo parece ? Creo que Pedro Sánchez formará una nueva orden, la de los que no se enteraban de nada, pero se daban cremita en las manos para no quemárselas por nadie. Como dijo el miércoles en el Congreso, cómo no vamos a seguir con lo bien que estamos y los que nos queda por delante. A los jóvenes que están sin vivienda, yo les recomendaría también bronceado, un poquito de agua fresca y un poco de sandía. Así lo que está por venir siempre será mejor y conservaremos el gen optimista. Pedro Sánchez debe ser presidente de la ONU ya y hacer el saque de honor de la final de todos los Mundiales.

En realidad, creo que él se sacrificó al estar en una cuerda de presos. Para qué vamos a estar entre los limpios, si podemos evangelizar entre los pobres de corazón. Y así es como Pedro Sánchez ha levantado su obra de caridad. Es todo un sacrificio, por la posteridad, por el qué dirán, por el después de la muerte, por el bronceado y la quemazón. Sí, es el presidente de bronce, como Cleopatra con su leche de burra. Lo que pasa es que los españoles no sabemos verlo y le echamos al juez Peinado para que lo azuce y le retire el pasaporte a su Begoña. Qué barbaridad y qué vergüenza. Con lo que luce el presidente bronceado. Vamos a continuar, claro que sí.

Ahora más que nunca. Sus compañeros lo saben y asienten. Para qué elegir otra cosa teniendo un líder bronceado. Los brillos destellan en la noche sobre el diente de oro de Zapatero.

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