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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

EL PP podrá elegir: PSOE o Vox

Esto va de guerra cultural y los despistados se van a enterar cuando se haya acabado. Consiste, crudamente, en hacerse con la hegemonía en las factorías del imaginario: es preciso obtener el control de la IA, las plataformas televisivas online, el cine, la música, la escuela, la universidad, los medios de comunicación...

No es una limitación intelectual la que les impide reconocer la fortaleza y el crecimiento de Vox. Solo hacen como el avestruz. Cuando desentierren la cabeza verán más aún: es Vox quien tira de la suma de «la derecha». Las comillas las aclaro ahora mismo: basta con consultar los programas y los actos de gobierno del PP para comprender que, en cualquier otra época, sería considerado un partido socialdemócrata. De los socialdemócratas de antes, nadie da razón. Algunos han desaparecido de escena, o casi (Italia, Francia, Grecia), mientras otros, sabedores de que sin épica no respiran, se han instalado en la extrema izquierda. Pero no en la del marxismo-leninismo, que para eso tendrían que saber primero qué significa tal cosa, sino en la del neomarxismo de Laclau, el 'wokismo', la colección de causas fragmentarias que vienen con el efecto dominó incorporado: empieza por donde quieras, que acabarás abrazándolas todas.

Empieza pintando los mapas de rojo intenso y negro carbón en verano y acabarás comprando la leyenda negra. Empieza por defender la bondad de que los niños se amputen y hormonen y acabarás defendiendo el derecho de autodeterminación de Cataluña. Empieza acusando a Israel de genocidio y acabarás exigiendo la prohibición de los toros. Parecen y son causas distintas, pero están articuladas; todas ellas responden al esquema foucaultiano opresor-oprimido. Un modelo que viene a sustituir, por obsolescencia, el de burguesía y proletariado. Por eso la extrema izquierda de ahora, donde habitan el PSOE y toda la calderilla que quedaba a su izquierda, no es marxista, ni el 'wokismo' es marxismo cultural: es neomarxismo. No exige las lecturas que exigía el marxismo (de ahí que lo pueda profesar y aun liderar cualquier analfabeto funcional). Neomarxista se declaró el padre teórico de la criatura: Ernesto Laclau. Bebe del marxismo y lo abandona por desaparición de las clases sociales como realidades evidentes, mayoritarias y operativas.

Esto va de guerra cultural y los despistados se van a enterar cuando se haya acabado. Consiste, crudamente, en hacerse con la hegemonía en las factorías del imaginario: es preciso obtener el control de la IA, las plataformas televisivas on line, el cine, la música, la escuela, la universidad, los medios de comunicación, el teatro, la museística, las editoriales, la distribución editorial, los videojuegos, los cómics, las redes sociales, etc. Lo que llamábamos derecha y en realidad es socialdemocracia se burlaba de esta realidad, de estas reglas de juego, hasta hace poco. Las despreciaba. Convencidos de que la clave es la gestión de la economía, están constatando el error de sus planteamientos cuando a las elecciones les falta un año. Siguen estancados en los mismos escaños. Es la derecha real (que llaman extrema, o «fascistas», de cara a futuros asesinatos) la que crece fuera del espacio woke. Pues, por si fuera poco, el PP tiende al lenguaje (ergo al pensamiento) del 'wokismo': género por sexo, alarma climática por verano. Pronto el PP podrá elegir socio y aclarar sus preferencias: el PSOE o Vox.

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