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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

El de los ovnis

Jordi es ajeno a ese mundo. Es más, lo desprecia. De ahí esta columna, de la ligereza con que un periodista de cultura limitada e injustificada arrogancia despacha el trabajo de Iker en su otro programa

Tenemos a dos hacedores de programas de televisión, de los que dan la cara, con sus propias productoras y sus lógicos desvelos por las cuotas de pantalla. Uno viene de investigar misterios y otro viene del humor político. Un es vasco y otro catalán. Ambos se ganarán bien la vida. Al vasco, que ejerce poco de tal salvo por algunas nostalgias infantiles, le gusta tanto hablar a él como repartir juego, aunque puedo imaginarlo llenando un programa entero de dos horas mirando a cámara, solo en el plató y saltando de tema en tema sin perder la atención del espectador. Al catalán, que ejerce de tal, como si llevara un carné de catalán profesional en la cartera, no le pidas la elocuencia del vasco, poderoso imán de audiencias, ni su versatilidad.

Iker habla de ovnis, en presente, pues mantiene dos formatos, llevando el de los misterios dos decenios en pantalla. Doy por seguro que batirá récords mundiales de permanencia. Me tengo por escéptico y no me pierdo ni uno de sus programas dominicales. Los ovnis me cansan; además creo que no existe inteligencia más que en la Tierra, y poca. Pero junto a la ufología o a experimentos cansinos de colaboradores que se quedan solos de noche en lúgubres museos o casonas, sin que nunca suceda nada espectacular (una prueba de la honradez de Iker), su plató es un gabinete irresistible de mago o de sabio que cada noche de domingo se llena de arqueología, de leyendas perdidas, de personajes asombrosos que la historiografía ha enterrado, de tecnología puntera, de criminología, de simbología, de avances médicos, de física teórica, de irresistibles biografías de científicos, y de muchas otras cosas. Hablan los que saben, sin dejar de implicarse Iker con curiosidad y asombro tan genuinos que nos vemos en él.

Jordi es ajeno a ese mundo. Es más, lo desprecia. De ahí esta columna, de la ligereza con que un periodista de cultura limitada e injustificada arrogancia (recuerden su carné de catalán profesional) despacha el trabajo de Iker en su otro programa. Sangra Jordi por la herida de un prejuicio, los izquierdistas mediáticos creen que ciertos ámbitos les están reservados: el periodismo político, los monográficos sobre corrupción, los intensivos con hechos y debate. Encima, osa introducir Iker colaboradores fetiche a los que pasa de un formato a otro, estableciendo una coherencia profunda que sus seguidores habituales captamos. Horizonte ha reventado a la profesión, que era básicamente de izquierdas, mansa con el poder cuando lo ostentan los suyos, e incapaz de salirse del guion. Peor: los ha reventado sin guiones, sin autocue, sin censura, reuniendo a los mejores del periodismo de investigación, como nuestros Entrambasaguas y Jamardo, y también a otros que me gustan menos. Mérito suyo que los escuche. Jordi viene de un mundo donde el poder gubernamental impulsa la presencia y lugar en las parrillas. Iker les ha arrebatado las audiencias generando interés, sin más. En el desprecio de Jordi habita la frustración de los destronados.

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