Cartas al director
Caerse del guindo
Los topes de precios en la práctica no lograron contener la inflación. Muchas veces provocaron desaparición de productos, desvíos hacia la ilegalidad, mayores precios, menos recaudación de impuestos y una carrera imposible entre precios reales y decisiones administrativas que siempre llegaban tarde...»
Cualquiera podría pensar que este párrafo pertenece a un manual de economía liberal. Sin embargo, está extraído del discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel,
primer secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, en el Pleno Extraordinario del Comité Central celebrado recientemente.
Lo llamativo no es solo lo que dice, sino lo que implica: el máximo dirigente de uno de los últimos regímenes comunistas del mundo acaba de reconocer que los controles de precios generan escasez, mercados negros y menor recaudación fiscal. Son exactamente las consecuencias que la economía lleva décadas documentando al analizar las experiencias de la Unión Soviética, el bloque del Este o la propia Cuba.
Lo que Díaz-Canel presenta como corrección de rumbo no es un descubrimiento: es una rendición ante la evidencia.
Conviene ser precisos: no toda la izquierda comparte el modelo de planificación centralizada cubano. El socialismo democrático europeo opera dentro de economías de mercado. Pero en España sí merece atención la tendencia de algunos sectores de la coalición gobernante a aplicar medidas de inspiración similar a las que Díaz-Canel acaba de reconocer como fallidas: controles administrativos de precios en el alquiler, reticencias a reformas que amplíen la oferta o una retórica que identifica el beneficio empresarial como problema en lugar de como buena señal económica.
No se trata de equiparar España con Cuba. Se trata de preguntarse si las lecciones de seis décadas de experimento comunista están siendo incorporadas por quienes siguen apostando por instrumentos similares.
El presidente de Cuba, a su pesar, acaba de darnos su respuesta.