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Cartas al director

Luis de la Fuente, educador

Cara visible de la selección de futbol, hombre tranquilo, amante de los toros y de las motos. Luz para las nuevas generaciones de futbolistas y de miles de niños y jóvenes. Ahora hablamos de los logros del equipo que ha dirigido.

También en diversos medios y redes se habla de él como hombre de fe, una fe asentada, entre o tras cosas, en los valores humanos, esos que quiere para el equipo. Hombre cristiano, que no hace vanagloria de su fe pero que exige el respeto para la misma. Tampoco la oculta debajo del celemín.

Hombre de valores infundidos en la familia y hombre de valor personal para manifestare en estos tiempos tal cual es, sin miedo a la crítica, sin miedo a ser incomprendido. En estos tiempos que corren, cuando hasta en ambientes eclesiales andamos con componendas, buscamos lo políticamente correcto, andamos con paños calientes…Es consciente de que existe diversidad de formas de ser y pensar, pero por lo mismo quiere ser, formar parte de esa diversidad.

Un hombre íntegro, que no se pone la careta de la fe y la careta del deporte. Hoy en día, ser un testimonio cristiano en el mundo del deporte no siempre es fácil, pero tampoco me preocupa. Predica con el ejemplo y no les pide nada que él no viva.

No es el único, pero en estos días es la cara visible de otros muchos entrenadores-educadores. Hay jugadores, técnicos y profesionales que viven y transmiten los valores auténticos de este deporte. La pasión por el juego, la entrega por el equipo y la solidaridad siguen siendo la columna vertebral de lo que debe ser el fútbol.

El piensa que la responsabilidad de los entrenadores no termina con la táctica o la formación técnica, sino que también incluye una dimensión educativa. Lo que los jóvenes ven y escuchan, las decisiones que tomamos y el ejemplo que damos, todo eso influye más de lo que imaginamos. Por eso, debemos ser responsables y coherentes con lo que representamos. Si los jugadores ven que estás ahí para mejorarlos como personas y futbolistas, eso crea una relación sólida. Desde luego, todo esto debe basarse en el respeto mutuo, porque no solo se trata de ganar partidos, sino también de trabajar con personas. Al final, el fútbol es un deporte colectivo, y la cohesión y el respeto son esenciales para lograr los objetivos.

El deporte enseña a ser mejor persona, porque trabaja los valores de la disciplina, la constancia y el sacrificio. Como cristiano, intento llevar esos principios también a mi vida diaria. La evaluación constante de mi comportamiento, tanto en lo personal como en lo profesional, me permite crecer cada día.

Rafa Miguelsanz

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