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Cartas al director

«El sagrado derecho al voto»

Éste es el lema que escuchamos ad nauseam en palabras del Gobierno y adláteres. Huelga que, en este Estado laico, que trata por igual a creyentes y no creyentes, se recurra a lo «sagrado», ligado al culto y a la divinidad, y perteneciente al fuero interno de la persona. Y además junto a derecho, que es precisamente lo contrario, lo público, las leyes. Parece que el objetivo que subyace es el de un sufragio activo, votar, no el del pasivo, ser votado; como si únicamente interesara la obtención del voto, no la búsqueda de candidatos.

Habría que preguntar también si existen otros derechos sagrados.

Académicamente podemos dividir los derechos en: civiles (ligados a la persona, por ejemplo, inviolabilidad del domicilio), libertades públicas (de ámbito personal, por ejemplo libertad ideológica), políticos (como sujeto político, sufragio activo y pasivo, etc.), de prestación (educación, etc.), y otros principios de política social (protección de la familia y otros); pero todos ellos van detrás de unos presupuestos que permiten su ejercicio; el primero de ellos y más importante es el derecho a la vida, seguido por el de la nacionalidad, necesario para ejercerlos en España, y, por último, tener mayoría de edad.

Así, los no nacidos por la aplicación de la ley del aborto, potenciales sujetos de tener la nacionalidad, son privados de ella y del ejercicio de los demás derechos por no poder acceder al primero, la vida.