Cartas al director
Antagónicos con el mismo ego
El ministro de Transportes dimite y el presidente del Gobierno considera que la renuncia «ayuda a recuperar la confianza en la dignidad política». Cabe preguntarse, en consecuencia, por qué no sólo no le cesó, sino que le defendió hasta que se enteró, el penúltimo, según la versión oficial, de la decisión de su hombre ariete. El presidente de los Estados Unidos pierde las elecciones de medio mandato y, con ellas, el control del Senado y la Cámara de Representantes, pero su lectura es que eso ha sucedido porque no era él quien figuraba en las papeletas. Para Sánchez, la renuncia de Puente es procedente. El problema es que no llega seis días tarde, sino casi diez meses después. ¿Valen menos las 46 vidas de Adamuz que las 69 de Urda? El presidente, que se apresuró a convencer a los periodistas que cubren la información de Moncloa de la continuidad del ministro, busca ahora sacar partido de la dimisión, y lo hace tratando de establecer una altura moral que, en su caso, resulta sonrojante.
Porque con Puente, como con todo, Sánchez siempre ha hecho lo contrario de lo que ha dicho, y viceversa.Para Trump, el problema que ha tenido en las elecciones han sido sus candidatos, incapaces de ganar en estados en los que los republicanos llevaban arrasando un siglo. Es impensable, en su concepción del mundo, que incluso los ciudadanos de Kansas o Texas hayan decidido dar un carácter plebiscitario a las Midterms y le hayan dicho al presidente, con una claridad histórica, que están hartos de sus majaderías y que el bien del país y sus gentes, y del resto del planeta por el impacto de los Estados Unidos en el mundo, está muy por encima de su raquitismo intelectual. Para Sánchez, la derrota a manos de los demócratas de Trump es el precedente de lo que sucederá el 29-N, del que él saldrá vencedor porque, sabe, los españoles no son como los tejanos. Los españoles sí compran relatos que chocan con la realidad como los trenes en las tragedias que han sumido a toda España en un desconcierto sin precedentes. Para Trump, la victoria demócrata para controlar el Senado no es tan trascendente porque, recuerda, ejercerá el veto sobre todas aquellas leyes que no sean de su complacencia.
«Supongo que me convertiré en el 'señor del veto'», advirtió. Y así, a golpe de oportunismo, muros, vetos e invectivas es como dos gobernantes que se proclaman antagónicos acaban convertidos en lo mismo: un holograma maquinal incapaz de respetar la realidad de sus gobernados.