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en el recuerdoAlfonso Ussía

Esa zanahoria venenosa

Esa zanahoria hipotensa, sosa y bastante venenosa, tendría que callar por respeto a quien tanto da habiendo tenido tan poco. Su padre, que ha heredado bastante no ha donado a un hospital ni una papelera

Sosa pero venenosa. Miles de españoles enfermos de cáncer han sobrevivido hasta ahora gracias a las donaciones de la Fundación Amancio Ortega. La última, valorada en 280 millones de euros al Ministerio de Sanidad, ha sido acogida por Sánchez con entusiasmo –como si la donación fuera suya–, y con desprecio por Podemos. Los podemitas no soportan a don Amancio, el español que paga más impuestos al Tesoro Público. Puedo errar el cálculo, pero las aportaciones de don Amancio Ortega a la Sanidad Pública y Privada de España, han superado ya los 1.000 millones de euros. Y en España, hay miles de personas anónimas que saben que su curación se ha debido a la generosidad del empresario gallego, al que nada le afectan los improperios, descalificaciones e ingratitudes de los echeniques, monteros, belarras, monederos y verstrynges. La última, Lilith Verstrynge, esa zanahoria sosa, pero venenosa.

Ha dicho Lilith, que a primera vista parece bastante tonta, y a la segunda se comprueba que lo es, que don Amancio no es un filántropo, sino un evasor. ¿Evasor de qué? Tanto él, como su Fundación, como su empresa, pagan religiosamente los impuestos correspondientes, que alcanzan sumas pavorosas. El odio a don Amancio Ortega viene de otras esquinas. No es el heredero de una fortuna incalculable. Es el trabajador que ha reunido con su esfuerzo, su tenacidad, su sencillez humana y su inteligencia natural, una fortuna incalculable. Podemos es, además de una cloaca de envidias, un espacio reservado para los más vagos. Son muy vagos casi todos ellos. Y se encabritan con el triunfo de un trabajador que ganó sus primeras pesetas conduciendo una camioneta de repartos.

Eso es lo que no le perdonan. El trabajador que trabaja resulta inconcebible en ese despropósito del estalinismo populista. Les hiere que tenga un barco. No entienden que un repartidor en una camioneta pase a ser el propietario de un barco con todos los lujos y adelantos. ¿Qué se habrá creído? Y la pija Lilith, esa zanahoria sosa, pero venenosa, se siente escandalizada por la riqueza de un trabajador que ha creado miles de empleos, que paga a sus empleados con puntualidad y que tiene el mal gusto de haber ganado mucho dinero con su talento, constancia y trabajo.

Esta niña es una calamidad. Aburre a las ovejas con sus peroratas hipotensas. Pero al revés que ella, hay diez hospitales públicos en España que se sienten afortunados. Y más afortunados aún, los enfermos oncológicos que van a ser sometidos a la inteligencia de esas máquinas para curar sus males. Un hospital de Bilbao, dos en Madrid y Barcelona, uno en La Coruña, como en Sevilla, Málaga, Valencia y Las Palmas de Gran Canaria. Son miles los pacientes que han pasado por las máquinas donadas por don Amancio Ortega y se han encontrado con un futuro que antes no existía. Y para colmo, sus donaciones son directas y seguidas por la Fundación. No hay posibilidad de desviar fondos a chiringuitos podemitas o sanchistas o sindicalistas. Y esa imposibilidad es otro motivo de sus rencores.

Esa zanahoria hipotensa, sosa y bastante venenosa, tendría que callar por respeto a quien tanto da habiendo tenido tan poco. Su padre, que ha heredado bastante no ha donado a un hospital ni una papelera. Si en España la Corona se sacudiera alguno de sus complejos, el primer candidato a ser ennoblecido por el Rey sería don Amancio Ortega seguido de don Rafael Nadal. Pero ya se sabe cómo están las cosas. No obstante, quizá mejor, por ahora. Si además de trabajador del más humilde origen, genial empresario, gallego discreto, y generoso filántropo, don Amancio fuera el Conde de Arteijo, a la sosa venenosa le daría un síncope. Y hasta podría sanar del síncope con la máquina curasíncopes que le donaría don Amancio Ortega.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 23 de octubre de 2021