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29 de febrero de 2024

EN PRIMERA LÍNEAJuan Van-Halen

La fábrica de mentiras

Sánchez sigue mintiendo, que es su especialidad como en la cocina de Aranda de Duero lo es el cordero. El pastor Sánchez tiene éxito porque los borregos le creen

Actualizada 10:05

Joseph Goebbels, doctor por Heidelberg con una tesis, sensible y documentada, sobre el teatro romántico alemán y años después fanático ministro nazi de Propaganda, descalificó reiteradamente lo que bautizó como «fábrica de mentiras»; se refería a sus adversarios políticos y olvidó que él era el principal fabricante. Sin embargo, nunca pronunció la frase que se le atribuye de que una mentira repetida muchas veces se acaba convirtiendo en verdad. Es una leyenda.
Nuestra realidad nacional es una fábrica de mentiras, y me temo que ya nos hemos acostumbrado al acelerado ritmo de fabricación y la sociedad permanece silenciosa y parece que resignada. Si gobernase la derecha las calles estarían echando humo; ya ocurrió y con menos motivos. Los sindicatos, con sus liberados y adheridos, habrían salido del mutismo recolector de fondos públicos que hoy disfrutan, protagonizando una supuesta defensa callejera de los trabajadores que hoy olvidan. Así es nuestra izquierda. Ya lo anunció Yolanda Díaz. La derecha nunca ganará las elecciones y si un día inopinadamente las ganase, leña al mono en la calle. La elegante ministra de Trabajo amenazó así en el Congreso, y por algo será.
De Sánchez podría decirse lo que dijo lord Palmerston de Napoleón III: «Miente incluso cuando no dice nada». La desmesurada valoración que Sánchez tiene de sí mismo le llevaría, probablemente, a sentirse cómodo por verse comparado con Napoleón III, que pasó de presidente de la República a emperador. Todo se andará porque, con manual de resistencia o sin él, hay que reconocer que Sánchez resiste lo suyo y al precio que sea. A veces al presidente se le escapa una verdad, pero debemos reconocer que lo enmienda enseguida con una mentira más arrebatadora y evidente.
Ilustración: Pedro Sánchez mentiras

Lu Tolstova

Resulta imposible, por extensa, recordar las más sonadas mentiras de Sánchez y de sus ministros. Es una estrategia mentirosa que desde el Poder Ejecutivo ha llevado al acoso e intento de control y «ocupación» de los otros poderes del Estado. Por pactos repulsivos y entreguistas controla el Poder Legislativo y por trapacerías vergonzosas avanza su presencia, a veces decisiva, en el Poder Judicial.
En la «ocupación» de ciertas instituciones no puede ocultarse la ingenua mano tendida del primer partido de la oposición. El apaño –¿por qué y para qué?– sobre el Tribunal de Cuentas y el Tribunal Constitucional ha desembocado en un respiro para los independentistas –con la lamentable salida de Mariscal de Gante del Tribunal de Cuentas– sobre asuntos pendientes como las enormes deudas con el Estado por parte de los golpistas. Y en el Tribunal Constitucional lo conseguido ha sido escaso. La presidencia para unos meses y un proyecto de duro control socialista para después. Llegó al Constitucional Ramón Sáez que cuestionó repetidamente la Ley de Amnistía y considera la Transición «un ejemplo de impunidad e injusticia». ¿Se ha impedido, como se anunció, que accediese un radical? No.
La penúltima mentira se debe a Batet, la presidenta del Congreso que actúa de «casera» como hace Delgado en la Fiscalía General del Estado. Batet anunció «urbi et orbi», y figura en la transcripción, que su decisión se producía tras reunir a la Mesa; ni la reunió entonces ni la ha convocado todavía. Tampoco cumplió el Reglamento al no confirmar el voto telemático. Por una de esas ironías del destino la web del Congreso se cayó pocas horas después: «Service Unavailable», mientras desde la Cámara consideraban imposible un error informático. La aprobación de la reformita laboral ha sido un fraude político. O algo más. Por su parte, Delgado aún no ha dado su visto bueno a la decisión del fiscal-jefe Anticorrupción, Luzón, para el archivo de la investigación que afecta al Rey padre en relación con un fondo de la isla de Jersey. No se han encontrado indicios de reproche penal alguno. La exministra Delgado, fiel a su jefe, retiene un procedimiento concluido.
Cuando pienso en la fábrica de mentiras en que se ha convertido España por obra y gracia de Sánchez y los suyos, recuerdo aquel diagnóstico que debemos a Marañón: «No hay pertinaz mentiroso que no sea al tiempo un cínico». Promete Sánchez dinero generoso para Castilla y León en campaña electoral, una vergüenza, pero desde la isla de La Palma gritan que a ellos les prometió lo mismo y no ha cumplido. Sánchez sigue mintiendo, que es su especialidad como en la cocina de Aranda de Duero lo es el cordero. El pastor Sánchez tiene éxito porque los borregos le creen.
  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando
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