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En primera líneaEmilio Contreras

Entrar al trapo

Nunca un Gobierno había conseguido ocultar con tanta eficacia los problemas reales de los ciudadanos con maniobras de distracción. Pero lo más grave es que la oposición y los medios acaban cayendo en la trampa

Padecemos una de las mayores, si no la mayor, maniobra de distracción política que se recuerda desde la restauración de la democracia. Porque nunca un Gobierno había conseguido desviar con tanta eficacia la atención de la opinión pública hacia problemas menores o ficticios con el fin de ocultar su ineficacia para resolver los problemas reales de los españoles. Pero aún más grave que la maniobra gubernamental es que la oposición haya caído en la trampa entrando al trapo con una mezcla de ingenuidad y ceguera.

El Debate (asistido por IA)

Porque la faena de distracción es evidente. En los debates en el Congreso, en los periódicos, en la radio, en la televisión y en las redes sociales, el Gobierno ha conseguido que únicamente se debata si los bombardeos de Israel en la franja de Gaza merecen o no el calificativo de genocidio; si los médicos objetores de practicar abortos deben inscribirse o no en un registro público; si el aborto, legalizado desde hace 40 años, debe de incluirse o no en la Constitución como un derecho.

La última bengala de distracción son los cambios horarios de verano y otoño. Y cuando no se les ocurre nada, vuelven a agitar los enfrentamientos y odios de hace casi un siglo con la figura de Franco o la eliminación de los símbolos del franquismo. Como si esos fueran las problemas reales que preocupan y en ocasiones angustian a los españoles.

Pero los problemas son otros y mucho más graves. En España hay 12,5 millones de ciudadanos en riesgo de pobreza y 4,1 millones que viven con menos de 644 euros al mes. Nuestro país tiene una tasa de paro del 10,29 por ciento y del 25 por ciento de paro juvenil, las más altas de Europa. Y el problema de la vivienda amarga el horizonte de vida de millones de españoles, especialmente jóvenes. Pondré sólo como ejemplo que, según el informe de Funcas, nueve millones de ciudadanos viven en «nanoviviendas» con 15 metros cuadrados por persona. Estos son algunos de los problemas reales que padecen millones de españoles, sobre los que ni vemos ni oímos una palabra porque el Gobierno los ha borrado del mapa, y la oposición y los medios han entrado al trapo y le siguen el juego. Sencillamente, no existen.

Pero los ciudadanos no son tontos y conocen y padecen los problemas reales. El día 14 el Fondo Monetario Internacional informó que la economía española es la que más crece de toda la Unión Europea con el 2,9 por ciento en 2024. Está por delante de la alemana con el 0,2 por ciento, de la italiana con el 0,7 por ciento o la francesa con el 1,2 por ciento. Incluso crecemos más que los Estados Unidos que sólo llegan al 2 por ciento. Pero ese mismo día 14 también se publicó en el diario económico Cinco Días, perteneciente a grupo Prisa, una encuesta realizada por «40dB» en la que se decía que «el sentimiento económico de los españoles se deteriora y roza el pesimismo, pese a las buenas cifras económicas… y se declaran pesimistas el 45,6 por ciento de los encuestados». España es más rica, pero los españoles no. Como ya advertimos hace un par de meses en este mismo espacio, la clase media se está proletarizando.

Es difícil encontrar un mayor ejemplo de desigualdad ante la pasividad del gobierno. ¿Cómo es posible que siendo los que más crecemos, seamos los que más paro padecemos y los que soportamos un malestar social que afecta a la mitad de los españoles? La respuesta es evidente: porque estamos ante el fracaso de las políticas sociales del Gobierno más a la izquierda que España ha tenido en 48 años de democracia. Pero sobre eso no se debate.

Estamos viendo que cuando se evaporan los valores de la justicia social, el Gobierno inventa reclamos con los que disimular y ocultar su fracaso para desviar la atención de quienes pueden y deben criticarlo. Como no resuelve los problemas reales, despliega su estrategia para lanzar maniobras de distracción.

Y mientras el malestar social campa a sus anchas por amplios sectores de la sociedad española, buena parte de los medios y todos los partidos de la oposición entran al trapo que el Gobierno les pone delante cuando les marca la agenda de los problemas sobre los que hay que debatir: aborto, genocidio, cambio horario, memoria histórica o Franco. Es difícil imaginar tanta torpeza cuando la realidad social se lo está poniendo tan fácil y está dando botes delante de todos.

Las consecuencias electorales pueden ser demoledoras si los partidos de la oposición siguen entrando al trapo que Pedro Sánchez les pone delante. Porque la lidia enseña que tras la muleta está el puyazo del picador, o el estoque del matador que causa la muerte. Al tiempo.

  • Emilio Contreras es periodista