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en primera líneaJuan Van-Halen

Las vidas (im)posibles de Cervantes

Don Quijote es una referencia más aún en este tiempo en el que parece que todo vale. Supone el triunfo de la verdad y del ideal, sobre la mentira y la resignación. El hidalgo Alonso Quijano, que enloquece a fuerza de leer libros de caballerías, representa la nobleza, la búsqueda de la justicia, la dignidad...

Alguna vez confesé que el paso de los años ha aminorado mi capacidad de sorpresa. Me dicen que Sánchez va a torear en las Ventas y pregunto de quién son los toros. Por eso es singular que me haya sorprendido este libro sobre un tema que tantos, en España y por esos mundos, han afrontado: Cervantes. El libro es Las vidas (im)posibles de Miguel de Cervantes, de Basilio Rodríguez Cañada, del que conocía su poesía, pero no su prosa, y en esta obra se muestra como impecable prosista, con oficio, fuerza y elegante maestría. Muchos autores a través del tiempo nos han desvelado facetas atrayentes del impar Cervantes y su obra inmortal; a esos autores debemos añadir a Rodríguez Cañada desde una ficción que aporta a la peripecia vital cervantina imaginación y alteridad; partiendo de un hilo documental conocido convierte lo imaginario en posible.

El Debate (asistido por IA)

Muchos ejemplos precedentes son interesantes. Me quedo con El jardín de los senderos que se bifurcan (1944), de Borges, que incluye el cuento Pierre Menard, autor del Quijote, publicado antes en la revista Sur (mayo de 1939). Hablé con Borges de ese cuento en una sobremesa madrileña, en 1979, cuando viajó para recoger el Premio Cervantes. Parece que Pierre Menard existió. Fue un poeta menor del siglo XVIII, cuyo único libro publicado encontró Borges por casualidad.

El Quijote se adelantó a la novela contemporánea y es el origen de la narrativa moderna. La defensa de los valores que defiende el personaje cervantino constituye un legado, la acción noble y desinteresada a la que llamamos quijotismo. Don Quijote es una referencia más aún en este tiempo en el que parece que todo vale. Supone el triunfo de la verdad y del ideal, sobre la mentira y la resignación. El hidalgo Alonso Quijano, que enloquece a fuerza de leer libros de caballerías, representa la nobleza, la búsqueda de la justicia, la dignidad, frente a la realidad a veces engañosa.

Don Quijote muere en paz siendo Alonso Quijano. Su vida, su afán, su aventura son símbolos de España. Cervantes consiguió su sucesiva contemporaneidad. Su enseñanza está vigente. El autor de Las vidas (im)posibles de Miguel de Cervantes aclara al inicio: «Hubo una vida que fue y otras muchas que pudieron ser». La vida de Cervantes tiene luces y sombras, espacios oscuros. Pero el narrador cubre esos vacíos y el lector desde su complicidad, los cubre también. Desde la imaginación, que no otra cosa es la creación.

El catedrático, Francisco Gutiérrez Carbajo, aporta un interesante y valioso texto introductorio. Consta el libro de seis relatos que parten de hechos ciertos o verosímiles y transitan por una ficción que consigue certidumbre y no chocan con lo que el lector opinaría si estuviesen documentalmente comprobados. En un tema como el cervantino, tan estudiado, que esta ficción acabe asumiéndose como real, resulta relevante.

El relato de más interés, al menos para mí, es Sombras de Argel que reconstruye los cinco años de cautiverio de Cervantes, apresado por los corsarios berberiscos en 1575. Justifica el tratamiento, llamémosle especial, que recibió el escritor, entra en detalles sobre su vida allí y sus intentos de fuga; sobre todo, crea el personaje de Aixa, la hija de un renegado cristiano aragonés, de la que se enamora, desde un secretismo obligado, y con la que tiene un hijo al que llamaron Hasán, para ellos Miguel. Las ocultas reuniones de los amantes concluyen con el regreso de Cervantes a España tras pagar los trinitarios 500 escudos de su rescate. Aquel niño, ya un joven, visitó en Madrid a su padre al final de su vida. Es uno de los pasajes más cálidos del relato.

Otra de las seductoras sorpresas: el relato Encuentro en Valladolid. Narra el encuentro entre Cervantes y Shakespeare, que se alza desde la ficción a lo posible, ya que imagina que el escritor inglés viaja a Valladolid en 1605, entre los quinientos acompañantes del embajador Howard para negociar la paz entre las dos Cortes. Cuenta la conversación entre los dos genios, ignorantes de lo que llegarían a representar. Se ha escrito que hay una línea llana entre los diálogos de Don Quijote y Hamlet.

Los otros cuatro relatos que completan la obra son pura ficción, pero también se arbolan desde una aparente posibilidad. En El otro Miguel aparece un Cervantes joven, desde su salida de Madrid por una disputa, su estancia en Roma al servicio del cardenal Acquaviva, hasta su embarco hacia Lepanto, con la irrupción de otro Miguel Cervantes, sin 'de', también soldado en la expedición. En El contador de galeras Cervantes, que pidió destino en las Indias y se le negó, llega a Cartagena de Indias. Se cuentan su vida y sus amores en aquellas tierras que deseaba conocer y aparecerían mencionadas en el Quijote. En El gobernador de Soconusco, responsabilidad que Cervantes también solicitó sin éxito, Rodríguez Cañada nos presenta a un personaje con poder, pero melancólico y que accede a una nueva forma de plantearse el mundo. En El caballero del altiplano figura un Cervantes ya viejo, que ha sido corregidor de La Paz, cargo que tampoco consiguió. El autor entiende que la vida «es una novela escrita a medias entre la realidad y el deseo».

En este libro el personaje Cervantes y el hombre Cervantes que, de alguna manera, somos todos, aparecen desde una dimensión acaso menos imposible de lo que podamos pensar.

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando