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en primera líneaJuan Van-Halen

Palabra de rey, palabra de hijo

Sánchez suma actitudes inconvenientes respecto a la Corona cada vez más visibles, aunque se sirve del Rey cuando le conviene. Esa lejanía creció tras el cobarde paseíllo de Paiporta. Bolaños es quien acude a los despachos con Felipe VI; nunca había ocurrido. Y Sánchez acompaña al Rey con cuentagotas

Lo recordé ya en estas páginas: soy monárquico por convicción y tradición. Mi familia en Flandes sufrió persecución, incluso asesinatos, por ser católicos y partidarios del Rey de España ya antes de ostentar la Corona la dinastía borbónica. Ya en España, en la familia hubo, generación tras generación, hasta veinticinco servidores de la Monarquía en la Armada. Mis opiniones han de desligarse de cualquier partidismo. Nuestra Monarquía, con tan larga Historia, ha tenido luces y sombras, pero las dos experiencias republicanas fueron desastrosas. Cuando se nos plantea una futura República se apuesta por la resurrección de la de 1931. Menudo espejo.

El Debate (asistido por IA)

Denunciar la situación del Rey padre es de justicia y supone defender la Monarquía, recuperada por voluntad de Franco al designar sucesor al príncipe don Juan Carlos. Es falso, como proclaman ciertos desinformados, que el entonces jefe del Estado desconociese que tras su muerte vendría la democracia, o que se opusiese a ello. Ignoran su audiencia, 1971, a Vernon Walters, enviado por Nixon para conocer qué ocurriría en su sucesión. Lo he contado alguna vez. La conversación la conoció por Franco el entonces Príncipe, y luego pocas personas más. Había que ahormar la democracia venidera. Lo que escuchó Walters en El Pardo lo cuenta en sus memorias y figura en documentos de la Casa Blanca. Tendríamos «democracia, pornografía, droga (…); habrá grandes locuras, pero ninguna de ellas será fatal para España».

Aquella era la opinión simplista ante Walters de un anciano sobre la España futura. Franco murió en la cama y ante su féretro pasaron miles de personas en colas interminables. Al existir la posibilidad legal de una nueva Ley Fundamental se posibilitaba aquel «de la ley a la ley» que inteligentemente diseñó Fernández-Miranda. Don Juan Carlos fue el protagonista fundamental de la democracia. Ahora quienes han leído solo catones ideológicos, pero no lo vivieron, apuestan por una República que tampoco conocieron, experiencia que desembocaría en una guerra civil deseada y preparada, según sus declaraciones públicas, por dirigentes radicales de izquierda, entre ellos el líder socialista Francisco Largo Caballero, el Lenin español. La izquierda había dado un golpe de Estado en Asturias, 1934, con casi dos mil muertos. Pero ahora no nos cuentan las adscripciones, en la guerra y durante el franquismo, de padres y abuelos de actuales dirigentes izquierdistas, Sorprenderían. O no.

La salud del Rey padre es muy preocupante. Se niega a utilizar silla de ruedas, pero su movilidad está seriamente disminuida. Acaba de cumplir 88 años. Perjudicaría a la Monarquía y al Rey que don Juan Carlos muriese fuera de España, en el destierro, sin reproche legal alguno, por decisión de Sánchez. Es un español privado de sus derechos como ciudadano. Incluso el embajador en Abu Dabi tiene órdenes de no visitarle. Cuando viaja a España no reside en Zarzuela, sino en casas de amigos o en hoteles. No es normal. Es una situación injusta.

Además, se repiten insolencias e insultos contra la Monarquía y el Rey de personajes o personajillos que han ocupado u ocupan ministerios y vicepresidencias del Gobierno. Se llama al Rey padre «delincuente fugado», y sobre la Monarquía: «Los Borbones a los tiburones» y «Fin del régimen de la Transición y Tercera República; es una pena que nuestra historia no haya tenido la suerte de haber cortado la cabeza, guillotinado, a un Rey» (Yolanda Díaz). «No vamos a tener una democracia plena hasta que no seamos una República», «la Monarquía es una rémora del pasado». (Ione Belarra) y «Monarquía y democracia es una contradicción» (Pablo Iglesias). El supuesto enteradillo olvida las monarquías democráticas europeas. La ignorancia es atrevida.

Felipe VI, de joven, declaró sobre don Juan Carlos: «En el Rey yo tengo a un padre, a un jefe, a un amigo y también a un consejero; es una relación muy enriquecedora». En el acto de su proclamación (19/06/2014): «Los reyes Juan Carlos y Sofía, desde hace más de 50 años, se han entregado a España». En su mensaje a la nación tras el golpe de Estado en Cataluña (3/10/2017): «Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común» y subrayó su compromiso «como Rey con la unidad y la permanencia de España». La inconstitucional amnistía le contradijo.

El sentimiento que une a Felipe VI y a don Juan Carlos es estrecho, de cariño, normal entre hijos y padres. Pero sobresale la actitud patológica de Sánchez que, si cuando fallezca el Rey padre seguimos padeciéndole, podría negarle, incluso, descansar en el Panteón de Reyes. Es conocido el aguante del Rey; alguien lo llamaría prudencia. Otros, mansedumbre. En demasía. Sánchez suma actitudes inconvenientes respecto a la Corona cada vez más visibles, aunque se sirve del Rey cuando le conviene. Esa lejanía creció tras el cobarde paseíllo de Paiporta. Bolaños es quien acude a los despachos con Felipe VI; nunca había ocurrido. Y Sánchez acompaña al Rey con cuentagotas.

En el punto de mira de Sánchez está la Monarquía. Zarzuela no lo ignorará. Pero el Rey no tiene partido. Es de todos porque no es de ninguno. Le dañan decisiones que toma debidas al Gobierno. Últimamente, hemos vivido algunas. No resalta su independencia. Es árbitro, pero no pita las faltas. Felipe VI tiene palabra; palabra de Rey y también de hijo. Don Juan Carlos debe morir en España, y deseo que esa fecha sea lejana.

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando