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En primera líneaEl marqués de Laserna

Palabras y conceptos

Por ese medio se consigue que la sociedad acepte lo que ha rechazado siempre, que se llame interrupción del embarazo al aborto, como si se tratara de un procedimiento científico o industrial que se detiene para continuarlo cuando mejor convenga

Que las palabras representan conceptos es algo tan evidente como que son el medio de entenderse las personas. El español, nuestro idioma, es muy rico y preciso, tanto que en su diccionario hay casi un vocablo para cada concepto.

El Debate (asistido por IA)

Pero hace ya tiempo ha surgido la moda de aceptar términos en lengua extranjera y adoptarlos como propios. Una de las fuentes nace de los deportes, muchos de los cuales nacieron fuera de nuestras fronteras y, por pereza intelectual, se adopta la palabra extranjera sin mayor examen: gol y penalti son ejemplos de esa actitud. En otras ocasiones, en cambio, se ha buscado una nueva expresión como baloncesto o una adaptación a nuestra fonética, que es el caso de voleibol y fútbol.

Algunos casos resultan incomprensibles como utilizar hat-trick para designar lo que en español se llama triplete, que ya existía y es mucho más explicativo y eufónico y ¡Qué decir de la expresión inglesa influencer! cuando existe el vocablo influyente que expresa exactamente lo mismo en nuestro hermoso idioma.

Los safaristas también contribuyen a la moda general y cuando ven un animal que desconocían hasta entonces, sin mayor examen hacen propio el vocablo, en inglés por supuesto, con el que los designa el profesional que los acompaña. A partir de ahí lo emplean siempre aunque en español exista uno que se abandona al olvido.

El falso pudor también ha actuado y un ejemplo descriptivo es denominar subsaharianos a quienes la melanina oscurece la piel y se han llamado siempre negros. Se actúa así, dicen, para no ofenderlos pero con esa justificación se desvela un verdadero desprecio hacia la raza negra porque indica que, en el fuero interno de esos fariseos, el color de la piel supone demérito o inferioridad.

Además, se ha desarrollado un hábito peor y de mucho mayor calado, que consiste en sustituir una palabra conocida para expresar determinado concepto por otra que sugiere algo parecido, pero que niega la esencia que define la idea remplazada. Es arquetípico cambiar el amor –caritas en latín y más lejanamente karis en griego– por solidaridad, que según la RAE es «adhesión circunstancial a la causa o la empresa de otros», solamente circunstancial frente a la entrega que inunda el espíritu de la caridad y que sustituye el yo por él tú sin límite de tiempo ni de intensidad. Un cambalache que falsifica el amor.

Esa práctica de utilizar otro vocablo para designar algo completamente distinto e incluso antagónico se hace con el designio de crear confusión en las ideas. Es algo similar al proyecto de mistificar la Historia para que la maestra del futuro por conocimiento del pasado, apoye con su tergiversación las luminosas ideologías que han sustituido al pacifismo que los marxistas enarbolaban en el siglo XX y que costó la vida de millones de personas bajo el imperio de Stalin o de los jémeres rojos.

Por ese medio se consigue que la sociedad acepte lo que ha rechazado siempre, que se llame interrupción del embarazo al aborto, como si se tratara de un procedimiento científico o industrial que se detiene para continuarlo cuando mejor convenga. Pero no se puede continuar porque no se trata de una investigación sino de una vida que se ha yugulado y otra palabra prohibida, muerte, es lo que expresa la voz aborto.

El marqués de Laserna es académico de honor de la R.A. de la Historia