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En primera líneaEmilio Contreras

Algo huele a podrido

Cuanto más se remueve lo que hay en el entorno de Pedro Sánchez, más insoportable es el hedor que desprende. No hay hombre ni partido que soporte esa cadena de inmoralidades, más allá de los delitos que puedan sancionar los jueces

Una corriente lenta y pesada de aire fétido transita entre Ferraz y Moncloa desde que Pedro Sánchez llegó a la presidencia. Más allá de los delitos que puedan sancionar los jueces en sus sentencias, hay un comportamiento inmoral de fondo en su entorno, en miembros de su gobierno y en dirigentes de su partido que la ciudadanía percibe como una evidencia.

El Debate (Asistido por IA)

Son hechos que están martilleando a la opinión pública y que van desde el encarcelamiento por corrupción de dos hombres de la mayor responsabilidad en el PSOE y confianza de Pedro Sánchez, a la condena al Fiscal General del Estado, al escándalo de las joyas de Zapatero, la imputación de familiares cercanos, de la directora general de la Guardia Civil, del DAO y de tres presidentes de la Sepi, entidad estatal que gestiona activos por importe de 6.000 millones en 25 sociedades.

No sabemos si todos serán o no responsables penales de esos presuntos delitos, pero lo que sí está claro es que hechos como tener un puesto en la Diputación de Badajoz con sueldo incluido, y no saber ni dónde está la oficina en la que presuntamente trabajaba, son prueba de un comportamiento inmoral. Tampoco es ético que quien no tiene título universitario dirija un máster en una universidad. Y no olvidemos los testimonios de dos exjefes de la UCO que la semana pasada confesaron ante el juez que se les ordenó «ponerse de perfil» en la investigación de presuntos delitos que afectaban al entorno del presidente. El problema de Pedro Sánchez ante la ciudadanía es que la moral es más exigente que la ley, y las responsabilidades políticas van más allá de las penales.

No hay partido que resista la imagen de Ábalos lanzando una catilinaria en la moción de censura del PSOE a Rajoy en junio de 2018, y verlo ahora condenado a 24 años de cárcel por corrupción. Tampoco hay partido que resista las palabras de Pedro Sánchez en el Congreso cuando el 15 de diciembre de 2015 exigió que «vuelva la decencia a la política y a las instituciones» o cuando calificó de «indecente» a su predecesor en 2018.

Pero una de las mayores pruebas de cinismo político es el relato que se ha construido en torno a Rodríguez Zapatero como referencia moral y de buen gobierno en favor de los más débiles, cuando la realidad es radicalmente distinta. Negó durante año y medio la crisis financiera mundial de 2008, incluida la española, y no tomó ninguna medida. El resultado de su incompetencia fue que el paro se abatió sobre 4.696.600 trabajadores y el PIB se hundió en 37.000 millones en 2010, hasta que el 12 de mayo de ese año tuvo que anunciar unos recortes sociales de 15.000 millones en solo seis meses, los mayores de la democracia hasta entonces.

No movió un dedo para poner freno a la crisis bancaria que estuvo a punto de llevarse por delante a la banca española. Luis Maria Linde, ex gobernador del Banco de España, dijo en el Congreso el 13 de mayo de 2019: «En octubre de 2012 (solo nueve meses después de que Zapatero dejara la Moncloa) la banca española debía al BCE 409.000 millones…España sufría en ese momento un colapso financiero; la situación financiera más grave desde la guerra civil». Estos son algunos de los hechos que descubren la verdad del que, según el relato, habría contribuido a mejorar el Estado de bienestar y es una referencia para Pedro Sánchez y su partido.

Pero el mayor alarde de cinismo político que hemos oído en estos días llegó al cenit cuando el 24 de junio Pedro Sánchez afirmó en el Congreso que sus gobiernos han sido «los gobiernos más limpios en 50 años de democracia». Solo tengo que recordar que en los seis años y medio que gobernaron Suárez y Calvo Sotelo, los primeros de la democracia, no hubo ni un solo escándalo de corrupción. Alfonso Guerra, entonces en la oposición, amenazó con «levantar las alfombras» cuando el PSOE llegara al poder. Llegó en 1982 y no encontró nada, salvo polvo.

Nunca un presidente del gobierno ha estado tan cercado por escándalos familiares que, sean o no delito, van contra el más mínimo sentido de la ética. Y no digamos por los escándalos de su partido y de Zapatero elevado a la categoría de referencia ética. El problema no es sólo legal, es moral. Esta ristra de inmoralidades está generando una sensación de hartazgo y decepción cuando no de desprestigio del orden constitucional en una parte de la ciudadanía.

Sabiéndose cercado por los escándalos, Pedro Sánchez y los suyos recurren a la estrategia de la crispación, la confrontación, el «y tú más», y al fantasma del enfrentamiento cainita de una guerra civil de hace casi un siglo para remover los odios del pasado. Pero son incapaces de dar un solo dato o un argumento de peso con los que rebatir las acusaciones de corrupción que caen sobre ellos. No lo hacen porque no los tienen.

Algo huele a podrido en España. La frase la puso Shakespeare en boca de Marcelo, un personaje de Hamlet, obra que escribió hace cuatro siglos y situó en Dinamarca. Pero la podredumbre la tenemos ahora y la padecemos en España.

Todo apunta a que esto irá a mas, Y ya se sabe: cuánto más se remueve la ciénaga, más intenso es su hedor. Hasta que se haga irrespirable.

  • Emilio Contreras es periodista