¿Traición al sistema constitucional?
La traición al sistema constitucional no consiste simplemente en que un gobernante tenga opiniones políticas diferentes. Se produce cuando utiliza su poder para atacar las instituciones y las normas fundamentales que organizan el Estado
La traición al sistema constitucional puede entenderse como la actuación de una persona o grupo que, teniendo una responsabilidad dentro del Estado, utiliza su posición para perjudicar o intentar destruir el orden constitucional establecido. Esto puede ocurrir cuando se intenta sustituir un sistema legítimo por otro mediante la demagogia, se desafían las leyes fundamentales de un país o se anteponen los intereses personales a las instituciones democráticas.
Un caso mucho más claro, de traición al sistema constitucional, sería el de un gobernante que utilizara el voto ciudadano para enmascarar la autocracia que le permite destruir el proceso democrático desde el seno del propio parlamento. En ese caso, el dirigente
Estaría utilizando su autoridad no para defender al Estado, sino para sustituir el orden constitucional por un poder impuesto mediante el engaño progresista demagógico.
Por tanto, la traición al sistema constitucional no consiste simplemente en que un gobernante tenga opiniones políticas diferentes. Se produce cuando utiliza su poder para atacar las instituciones y las normas fundamentales que organizan el Estado.
La historia demuestra que la subordinación de un primer ministro al poder constitucional es fundamental para garantizar la estabilidad política y evitar que el propio gobierno se convierta en una herramienta para destruir la democracia, la cual debe ser de todos los ciudadanos.
Simone Weil criticó cómo las estructuras de poder pueden abandonar o traicionar a las personas y, como decía Ortega, existe una responsabilidad histórica de quienes dirigen una sociedad. Entonces... ¿Cuál es nuestra estructura de poder?
¿Dónde están la responsabilidad y la estabilidad de gobierno?
¿Qué fue del orden constitucional?
Un traidor reconoce la autoridad del sistema, convive con los límites del mismo y su falta de integridad genera respuestas del propio sistema.
Pensando en Hobbes, la desobediencia institucional de un mandatario puede ser considerada como traición al sistema.
Y, entonces... ¿Nos sentimos traicionados?
Si un político traiciona la confianza de sus votantes, aliados o principios, podría sentir culpa o vergüenza al reconocer el daño causado, miedo por las consecuencias políticas o personales, justificación convenciéndose de que lo hizo por una causa mayor, indiferencia si prioriza el poder o el beneficio propio, y un conflicto interno entre sus intereses y sus valores.
¿Se está traicionando la soberanía? Si tenemos que hacernos esta pregunta... ya llegamos tarde.
- Pedro Fuentes es filósofo