¿No a la guerra pero sí al aborto?
Si la oposición a la guerra es por razones humanitarias –aun cuando existía un riesgo nuclear serio, sin esta intervención de Israel y USA contra Irán–, defender la vida de los no nacidos es la primera y más importante de todas las posibles razones humanitarias
A mi modo de ver, tiene razón Mayor Oreja cuando viene a afirmar que es una inmoralidad no afrontar, criticándola abiertamente, la falsa pretensión de reformar la Constitución para blindar supuestamente un derecho al aborto, inexistente, moral y jurídicamente hablando. Falsa pretensión, porque es carnaza para los que sostienen al gobierno por la izquierda, ya que es evidente que no tienen los votos para aprobar esa iniciativa legislativa cuando, a duras penas, llegan entre todos a una mayoría absoluta. Eso sí, a costa de ofrecer en bandeja a los terroristas lo que no consiguieron con sus asesinatos y vender el Reino de España a los separatistas –verdadero delito de cohecho en la base misma de la investidura del traidor, lo cual constituiría también un auténtico delito de traición, si no hubieran hecho desaparecer este tipo penal con anterioridad, los mismos que después incurren en él– y, también, a costa de pactar con los exiguos y perniciosos comunistas.
Es evidente que no puede prosperar tal pretendida reforma. Sin embargo, se empieza ignorando algo por puro tactismo político y se acaba dejando entrar el error político y su consiguiente aberración moral. Esta termina por instalarse socialmente como algo supuestamente normal, convirtiéndose en «un asunto cerrado», incluso, para algunos políticos del PP, cuyo partido –sin embargo– se opuso en el Congreso a la reforma de la ley del aborto, planteada en su momento a través de la ley de plazos actualmente vigente.
Como no podría ser de otro modo, esta iniciativa del gobierno es otra trampa más, para ocultar el calvario judicial del entorno personal y político de un presidente indigno, que tenía que haber dimitido ya en 2021, cuando el Tribunal Constitucional declaró inconstitucional el confinamiento. Y desde entonces, carece de legitimidad alguna. Además, también tenía que haberse ido, cuando perdió las generales de 2023… Pero no, y todo va de mal en peor, por su corrupción y su obsesión por okupar la Moncloa.
Ese planteamiento del aborto no es sólo torticero y tramposo, sino que también es completamente incoherente defender el aborto a lo bestia y esgrimir la bandera del no a la guerra, recordando encima la guerra de Irak, a modo de reconvención política. Cuando España no participó en esa guerra, más que en misión de estabilización y asistencia a la población, una vez concluido el conflicto armado y derrocado el tirano que utilizaba armas de destrucción masiva –las encontrasen o no después, anteriormente las había usado ya contra los kurdos...
Si la oposición a la guerra es por razones humanitarias –aun cuando existía un riesgo nuclear serio, sin esta intervención de Israel y USA contra Irán–, defender la vida de los no nacidos es la primera y más importante de todas las posibles razones humanitarias. Y en este sentido, no se sostiene defender el no a la guerra (discutible, con todo, en función de un riesgo cierto) y, al mismo tiempo –por el contrario–, dar carta blanca al aborto, sin más, como política anticonceptiva muy poco humanitaria, por cierto.
Pero es que, además, jurídicamente es una patraña. Porque dentro del capítulo tercero del Título I de la Constitución no se reconocen derechos constitucionales, sino únicamente se establecen principios rectores de la política social y económica. Dijera lo que dijera esa imposible reforma actual, en modo alguno podría constituir ningún blindaje de nada. Y a malas, si la supuesta reforma prosperase, el legislador posterior podría válidamente (sin vulnerar la Constitución) limitarse a disponer que el aborto sólo podría practicarse cuando concurriesen determinadas indicaciones excepcionales, dentro de los plazos y con los requisitos previstos legalmente. Porque la Constitución no reconoce el derecho al aborto, sino todo lo contrario –en su art. 15-, el derecho a la vida de todos y, en particular, de los que hayan de nacer.
- Isabel María de los Mozos y Touya es profesora titular de Derecho Administrativo en la UVA