25 de octubre de 2021

El arzobispo de Burgos repasa con nosotros la actualidad de la Iglesia

El arzobispo de Burgos repasa con nosotros la actualidad de la IglesiaÁlvaro Tajadura

Mario Iceta, arzobispo de Burgos: «La participación laical es indispensable en la toma de decisiones»

Conversamos sobre los principales asuntos de la actualidad de la Iglesia con el arzobispo de Burgos

Nos conocimos en la Jornada Mundial de la Juventud de Polonia. Venía desde Cracovia, a 240 kilómetros por hora, acompañando como periodista empotrado a Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid.  El seminarista que nos llevaba a través de la estepa polaca no atendía a las indicaciones de que fuera más despacio, de que lo importante era llegar de una pieza a ser posible.  No había forma de comunicarnos pues él no hablaba nada distinto a su lengua natal. Nos miraba, sonreía y aceleraba, fustigando sin piedad a los caballos del motor. A él habían encomendado la tarea de llevarnos del punto A al B. Y había llegado tarde a recogernos, por lo que teníamos treinta minutos para cubrir una distancia de cincuenta kilómetros. Huelga decir que llegamos con diez minutos de antelación, con las casullas y las entrañas revueltas, justo a tiempo de preparar la Misa y el encuentro con una numerosa delegación de jóvenes españoles que allí estaban. 
Tras la celebración, Martínez Camino nos invitó a unos cuantos periodistas y voluntarios de la JMJ a comer en una hospedería que por allí estaba con uno de sus colegas, Mario Iceta, que por aquel entonces era obispo de Bilbao y presidente de la subcomisión de Familia y Vida en la Conferencia Episcopal Española. Durante la sobremesa, departimos de lo divino y de lo humano, especialmente de lo segundo. 
Cinco años después de aquel encuentro, y en el primer aniversario desde que asumiera el mandato papal de hacerse cargo de la archidiócesis de Burgos,  conversamos de nuevo con Iceta sobre la actualidad de la Iglesia. 
− Arranca un nuevo proceso sinodal para hablar precisamente sobre la sinodalidad del Pueblo de Dios. Ante las circunstancias que está viviendo el catolicismo,  ¿se puede decir que sobre este sínodo sobrevuela un nuevo Concilio? 
− Yo no me atrevería a decir que va a haber otro concilio porque creo que Vaticano II todavía tiene mucho recorrido y, ni mucho menos, ha dado todos los frutos que tiene que dar. El Concilio terminó en el año 65. Hace 56 años. Para nosotros es toda una vida, en mi caso particular la mía pues tengo esa edad, pero para la Iglesia no es tanto. No podemos caer en esa vida acelerada propia del mundo. Tenemos nuestros ritmos, nuestros tiempos. Quedan muchos elementos de Vaticano II que todavía tienen que ser recibidos y que deben, por usar un lenguaje coloquial, «cuajar» y estabilizarse. Y uno de ellos es precisamente es la expresión sinodal. El Papa quiere recuperar algunos elementos que quizá no han sido tan explicitados, como el caminar juntos. Ahora arrancan varias fases −la diocesana, la continental y la de la Iglesia universal− que creo que en este sínodo de los sínodos se va a ver una forma, un estilo y una teología y una forma de evangelizar en comunión. 
¿Qué papel han de jugar los laicos en este tiempo de la Iglesia?  ¿Los veremos formando parte de los órganos de gobierno? 
−La participación laical es indispensable. Y su papel en la toma de decisiones es muy necesaria. La toma de conciencia por parte de los laicos de que en virtud de su bautismo están llamados a la misión evangelizadora, es esencial. Por parte de los pastores el tomar esta dimensión bautismal de los laicos, de su participación activa en el caminar del Pueblo de Dios, es esencial. Cada uno tiene sus dones. Ahora tenemos que ver cómo se articula el Pueblo de Dios. Pero la participación de todos, tal y como decía el Concilio Vaticano II, en función de la vocación de cada cual, es importante. Hay mucho por desarrollar. Ojalá este sínodo pueda ayudar y acelerar esa incorporación responsable de los laicos en la tarea evangelizadora, empezando por la propia familia. 
Mario Iceta explicando el proceso sinodal que empieza la Iglesia

Iceta explicando el nuevo proceso sinodal que involucrará a toda la Iglesia hasta 2023Á. Tajadura

−Nathalie Becquart, subsecretaria del sínodo, va a ser la primera mujer con voz y voto. ¿Qué significa este hecho? 
−Va a haber un gran camino por recorrer en la teología de la mujer y sobre su papel en la vida de la Iglesia. Tenemos muchos pasos que dar. El Papa ya ha marcado esa ruta en sus mensajes y encíclicas. Hay un rico magisterio en este aspecto, en el de la incorporación plena de la mujer, de la dimensión femenina, en la Iglesia. En la diócesis de Bilbao, por ejemplo, las delegaciones más importantes, las de Caridad y Justicia o Anuncio y Catequesis, está en manos de mujeres y hacen una labor fabulosa. Eso por no hablar de la vida contemplativa femenina o de la vida religiosa femenina que está presente en tantísimos ámbitos, incluso con mayor presencialidad que la masculina, como puede ser en las catequesis, en el apartado social de la Iglesia o con el acolitado y lectorado para todos los laicos.  
− La semana pasada conocíamos el informe sobre los abusos sexuales perpetrados en la Iglesia de Francia desde 1950 hasta 2020...
−Un único caso ya es excesivo. La Iglesia debe ser un lugar seguro.  De protección de todas las personas, de un modo especial a los más vulnerables. Cuando Benedicto XVI promulgo  Sacramentum caritatis, la Iglesia ya se había puesto en marcha para erradicar de raíz este mal. Se están tomando medidas no solamente para denunciar los casos que se puedan dar sino para prevenir y educar. 

Este curso vamos a acometer reformas de acristalamiento en las parroquias y en los colegios para que no haya lugares opacos y esté todo a la vistaMario Iceta - arzobispo de Burgos

− ¿Qué están haciendo las diócesis españolas en este aspecto? 
Hace quince días en la CEE hubo una reunión de los responsables de las oficinas de atención a las víctimas de nuestras diócesis para unificar criterios y ver qué pautas se están siguiendo.  No podemos ser opacos. Debe haber transparencia en todos los sentidos.   Como dice el Papa, «nos avergüenza y nos duele enormemente» esta situación. Vamos a poner todo de nuestra parte para que estos hechos lamentables no se repitan.  
− ¿Cómo funcionan estas oficinas? Hasta la fecha, salvo alguna diócesis como la de Madrid que ha dado datos específicos de su labor y de las personas atendidas en el último año, no tenemos muchas referencias. 
Precisamente hace unos días tuve un encuentro con la responsable de la oficina de aquí de Burgos para ampliar sus componentes. La idea es que no solamente haya una psicóloga −la directora lo es− sino que también pueda haber un abogado, un investigador, un sacerdote para acompañar,  alguien del ámbito educativo y pedagógico... Todas las personas que van a estar con menores deben estar formadas. Este curso vamos a acometer reformas en las parroquias y en los colegios de acristalamiento, para que no haya lugares opacos.  En la diócesis de Bilbao ya está en marcha y está funcionando bien. Gracias a Dios, por ahora, en Burgos, no ha habido ninguna denuncia. En cualquier caso, vamos a trabajar sin descanso en la educación y la prevención. 
El arzobispo de Burgos repasa con nosotros la actualidad de la Iglesia

El arzobispo de Burgos repasa con nosotros la actualidad de la IglesiaÁlvaro Tajadura

−Hace unos días, nuestra colaboradora Carmen Fernández de la Cigoña se preguntaba sobre la realidad de la familia en el contexto actual y si no estamos ante la extinción de uno de los pilares de la civilización occidental.  Usted fue presidente durante seis años de la subcomisión de Familia y Vida en la CEE. ¿Qué tiene que decir la Iglesia en este aspecto? 
−Todas las encuestas sociológicas marcan la preponderancia de la familia. Es fundamental. Cuando se pregunta lo que más se valora, sale la familia. Está inscrito en el corazón humano. El ser humano está llamado a ese amor esponsal y familiar. Eso es imborrable.  Hoy en día, como dice el Papa, hay muchas «colonizaciones ideológicas» que distorsionan lo que es la realidad del matrimonio, donde difuminan lo que es la familia. La teología del matrimonio y la propuesta cristiana no solo nace de Dios sino como un proyecto que está inscrito en la propia naturaleza humana. Aunque ahora la familia quiera ser resignificada, como si fuera un producto cultural, la realidad se impone. La realidad es capaz de brillar por encima de las ideologías. Familiaris consortio del año 81, de san Juan Pablo II, o Amoris laetitia, del Papa Francisco, que este año celebra su quinto aniversario, son una luz muy grande para lo que es la verdad del matrimonio y la familia. 
−¿Está la familia en crisis?
La familia no está en crisis sino el lugar donde la familia crece.  La familia genera cultura pero también la cultura influye en la familia. En este momento vivimos en una cultura donde algunos elementos hacen incomprensible la familia pero el corazón reclama la vida matrimonial y familiar. La familia se va a mantener como referencia fundamental del ser humano porque lo llevamos inscrito. 
−Otra de las cuestiones con las que ha lidiado como presidente de la subcomisión de Familia y Vida ha sido precisamente el aborto y la eutanasia. En su doble condición de médico titulado y sacerdote, ¿qué valoración hace del panorama actual respecto a estos dos asuntos? 
−Todas las personas necesitan ayuda y acompañamiento en ambos casos.  Una mujer que se encuentra en una situación difícil por un embarazo no esperado o no querido necesita sosiego, tranquilidad y poder ver el futuro con esperanza. También la nueva criatura, que ya dialoga con ella en su seno, necesita ser arropada. Los dos necesitan ser arropados y acompañados. Ciertamente no es el aborto la solución. No puede ser la solución la eliminación de una de esas dos partes, de un nuevo ser humano, vivo. Eso y todo el efecto negativo que trae consigo la práctica abortiva para la mujer, el efecto tan dañino para ella y su entorno. Se necesitan políticas activas de ayuda a la maternidad no solo en el nacimiento sino después también. Un occidente con tantos recursos puede destinar una parte a acompañar a estas personas en dificultad. Es la vía humana y adecuada para una sociedad civilizada. Exactamente igual para el final de la vida. Nuestro instinto natural es vivir. Lo que nos asusta es sufrir, el dolor. Nuevamente, la solución no puede ser la eliminación de la persona. Los cuidados paliativos son muy eficaces para aquellos que sufren o están limitados, para que puedan tener esperanza y no ser dejados a su suerte.  Hubo una ley de dependencia que fue muy interesante aunque luego no hubo un presupuesto para desarrollarla. Hay legislaciones autonómicas de cuidados paliativos. ¡Ojalá hubiera una estatal para acompañar a aquellos que atraviesan estos momentos difíciles! 

Hay que coger el tren de las nuevas expresiones cinematográficas, pictóricas, literarias, arquitectónicas, musicales...Mario Iceta - arzobispo de Burgos

−Cambiando de tercio y adentrándonos en materia cultural. ¿Por qué la Iglesia ha perdido su papel predominante en el mecenazgo y promoción del arte en las últimas décadas? Es curioso que esto haya ocurrido en una época donde cada vez se demandan más experiencias culturales. ¿Qué valoración hace al respecto?
−Hemos perdido mucho terreno en el ámbito cultural, es indudable. Quizás porque las formas culturales han evolucionado tan rápido que la Iglesia, que tiene otros ritmos, le cuesta reaccionar ante situaciones nuevas. El ámbito de los medios de comunicación y la educación son esenciales y hemos perdido presencia. Hay que coger el tren de las nuevas expresiones cinematográficas, pictóricas, literarias, arquitectónicas, musicales...  Aun así, sí que creo que hay exponentes interesantes que en estos ámbitos hacen su contribución. Quizás no son promocionados o no cuentan con una gran visibilidad, pero los hay. Creo que las universidades católicas tienen hacer esa transferencia de conocimiento y de labor creativa a la sociedad. Tienen un nivel excelente de trabajo pero la transferencia al campo cultural todavía tiene recorrido por hacer para que pueda fecundar y permitir la exposición de autores y creadores de raíz católica. 
−¿En su archidiócesis tienen un plan cultural, evangelizador, que no sea solamente para los que ya creen sino que pueda ser un punto de encuentro con aquellos que tienen sed de sentido? 
−Este año tenemos en Burgos dos acontecimientos excepcionales. Por un lado, el octavo centenario de la Catedral, donde hemos tenido conciertos de primer orden como el de Dudamel, los niños cantores de Viena, las orquestas sinfónicas de aquí y de Castilla y León, con corales excepcionales.  A su vez, tenemos la exposición de Goya sobre los desastres de la guerra y una exposición de la historia de la Catedral en el Museo de la Evolución. También hemos organizado concursos para nuevos creadores y estamos trabajando en la difusión y conservación de nuestro patrimonio cultural, que en esta archidiócesis es inmenso.  Y, por otro lado, las Edades del Hombres, que es uno de los eventos más importantes a nivel internacional. Dentro de quince días tendremos 70 cantautores católicos aquí en Burgos que participarán en diversos actos y este fin de semana acogemos el III Concierto Internacional del Órgano Ibérico. En la catedral de Burgos tenemos cinco órganos... Pero ciertamente, el reto cultural es muy grande y tenemos que idear un plan para ver  cómo darle continuidad y superar el déficit en la nueva creación. 
Mario Iceta desde el palacio episcopal de Burgos

Mario Iceta desde el palacio episcopal de BurgosÁlvaro Tajadura

−Acabamos de conocer el informe de Análisis y Perspectivas 2021, elaborado por Cáritas y FOESSA. En él se detalla que cerca de 11,5 millones de personas están en riesgo de exclusión y la pandemia no ha hecho sino agravar todavía más la realidad de los más vulnerables. ¿Hay un plan de acción conjunto con las administraciones y otras entidades sociales para paliar esta situación? 
Estamos superando la crisis sanitaria pero no la social y económica. Recordemos que tras la crisis de 2008, lo peor vino en 2011. Todavía quedan muchos capítulos de sufrimiento en esta pandemia. Lo estamos viendo ahora con el tema de la energía. Si la pobreza energética ya era un problema antes imaginemos cómo va a ser ahora que venga el invierno para muchísimas familias y para los pequeños comerciantes. Depende de la administración. La Iglesia pone de su parte todo lo que puede para paliar la pobreza. Tenemos programas en todos los ámbitos sostenidas, principalmente, por el trabajo de voluntarios católicos y no católicos que se enrolan en Cáritas porque ven la importante labor que hacemos en materia de trabajo, educación, vivienda, migrantes, refugiados, personas mayores...  La Iglesia nunca baja la guardia. «A los pobres los tendréis siempre», decía Jesús. Es dramático tener a personas que están en estas condiciones dentro y fuera de nuestro país. En Burgos tenemos 800 misioneros y cuando te relatan las situaciones de pobreza, de fragilidad, de vulnerabilidad... Es tremendo. Nos quedan años muy duros. Tenemos que poner todos de nuestra parte.