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Los seis seminaristas que se ordenarán diáconos en SevillaArchidiócesis de Sevilla

Seis seminaristas de Sevilla se ordenarán diáconos el sábado

Unos descubrieron su vocación en el Camino de Santiago; otro, tras un accidente de coche, y uno más procede de Cabo Verde. Todos ellos recibirán el diaconado en la catedral hispalense

Día grande para la Iglesia en Sevilla: el próximo sábado, seis de sus seminaristas recibirán el diaconado en la catedral, como paso previo a la ordenación sacerdotal. Se trata de Cristian Rodríguez Domínguez (Sevilla, 2001), Pablo Bernal Colón (Albaida del Aljarafe, 1997), Erson Patrick Rosario da Cruz (Cabo Verde, 2002), José Manuel Ruiz Ruiz (La Puebla del Río, 1991), Alberto Torres Urbano (Cádiz, 1971) y Pablo Noguera Aledo (Cavaillon, Francia, 1962).

El arzobispado de Sevilla ha difundido las historias vocacionales de los seis candidatos, de diversa procedencia. La vocación de Cristian surgió «desde que era muy pequeño». A los siete años comenzó a ir a misa en el convento de las Hermanas de la Cruz. «Allí fui descubriendo paulatinamente cuál era el sueño de Dios para mí. Comencé a ir a convivencias de monaguillos organizadas por el seminario», rememora, y decidió ingresar en el seminario menor en 2014.

En el caso de Pablo Bernal, «fue todo muy gradual». Su discernimiento vocacional se inició a los 20 años, «tras un accidente de coche y búsqueda de mayor sentido de vida». Un año y unos meses más tarde, «ya acabada la universidad, en el Camino de Santiago, tuve una experiencia que me empujó hacia el sacerdocio. Entré en el seminario con 23 años».

Desde Cabo Verde

Erson pertenece a la diócesis de Mindelo (Cabo Verde). Su inquietud surgió en un campamento vocacional durante una adoración ante el Santísimo Sacramento, y en ese momento empezó a plantearse las grandes preguntas de su vida. «Fue a través del párroco que Dios me interpeló y me pregunté: ¿Por qué no ser sacerdote?», recuerda

Los seis futuros diáconos, junto a su formadorArchidiócesis de Sevilla

José Manuel, por su parte, tomó conciencia de que el Señor le pedía «algo mayor» en su vida la primera vez que hizo el Camino de Santiago en 2014, durante una adoración al Santísimo. «Muchos años antes el Señor había ido preparando mi corazón con distintas vivencias y por medio de personas que fue poniendo en mi camino», subraya.

Alberto se define como «una vocación madura», a lo que suele añadir el término «y madurada». Reconoce que, a lo largo de toda su vida, como bautizado, ha sentido la llamada del Señor, «pero siempre me ha tratado muy bien y pensaba que mi misión era como laico comprometido haciendo presente a Cristo en la escuela pública y estando en las nuevas fronteras que significa hoy la evangelización y la educación». Sin embargo, «hace unos años me di cuenta de que Dios quería bastante más de mí, y empecé a estudiar Ciencias Religiosas».

El «aguijón» de la vocación

Para Pablo Noguera, conocido por todos como el hermano Pablo, «es difícil precisar el momento exacto de la llamada cuando tienes conciencia de que la inquietud comienza en la más tierna infancia. En algún momento he llegado a decir que desde el vientre de mi madre». Reconoce que, quizás, el aguijón de su vocación a la vida consagrada como religioso franciscano de la Cruz Blanca, orden a la que pertenece desde hace 40 años, «lo descubriera a través de un enfermo con la apariencia de un crucificado, y este fuera el camino emprendido que, bastante tiempo después, desembocaría en esa otra llamada no olvidada al sacerdocio».