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Vista de Llerena desde la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Granada.

Vista de Llerena (Badajoz) desde la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Granada.Turismo de Llerena

Barriocanal da las diez claves para lograr que una parroquia sea rentable económicamente

El vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal ofrece un «decálogo» para conseguir sanear las cuentas parroquiales

Es el vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española (CEE) desde 2005, por lo que Fernando Giménez Barriocanal habla con un amplio conocimiento de causa. ¿Cómo lograr que una parroquia sea rentable económicamente? En un artículo publicado este sábado en la revista Ecclesia, el profesor titular de Economía Financiera y Contabilidad de la universidad Autónoma de Madrid desgrana el decálogo para conseguir que los templos se sustenten económicamente.

«Una buena gestión económica es fundamental para que una parroquia cumpla su misión», comienza señalando Giménez Barriocanal, quien enumera las diez prácticas que, a su juicio, siempre debería fomentar una obra de evangelización para tener éxito en sus cuentas económicas.

1. Conocer las normas

No se puede gestionar una parroquia –o cualquier obra evangelizadora que se quiera emprender– sin tener unos conocimientos básicos de la regulación canónica en materia económica, tanto la universal como las normas diocesanas. «Asimismo, es imprescindible tener nociones básicas de la economía general en materia de contratos, cuentas corrientes, funcionamiento operativo, etc. De manera particular, deben conocerse las obligaciones de la parroquia en materia fiscal», señala el doctor en Ciencias Económicas y Empresariales.

El vicesecretario de asuntos económicos de la CEE, en una imagen de archivo

El vicesecretario de asuntos económicos de la CEE, Fernando Giménez BarriocanalCEE

2. Honradez y diligencia «de un buen padre de familia»

Se trata de una cualidad que debería poseer cualquier persona con una responsabilidad sobre la economía: la honradez. En el caso de obras de la Iglesia, «requiere un especial cuidado». «Todos los administradores deben tener acreditada honradez y, a su vez, capacidad de administración diligente», señala Giménez Barriocanal, quien recuerda cómo el Código de Derecho Canónico lo llega a asemejar a 'un buen padre de familia' (c. 1284). «Ello implica alimentar la fe en el día a día con una vida de oración, formación y participación en los sacramentos. Se trata de un aspecto imprescindible tanto para clérigos como para laicos que participan en la gestión de los bienes», subraya.

3. Conocer bien la realidad parroquial

Cada parroquia es distinta, y es fundamental conocer bien quiénes la integran: «Deberán analizarse pormenorizadamente todas aquellas realidades que tengan algún tipo de movimiento económico —un grupo parroquial, una cofradía, una institución religiosa…— para analizar cuál es su relación con la parroquia y cómo debe integrarse».

Las parroquias destinan gran parte de sus recursos a auxiliar a los más necesitados

Las parroquias destinan gran parte de sus recursos a auxiliar a los más necesitadosGetty Images/iStockphoto

4. El apoyo de un Consejo

En todas las parroquias puede haber feligreses –honrados y diligentes, como estipula la segunda clave– que, además, tengan cierta habilidad para los asuntos económicos, para «acompañar al párroco en la administración y seguimiento de la parroquia». Se trata del Consejo Económico Parroquial, que tendría, entre otras, tres funciones:

  • La captación de recursos
  • El empleo de los mismos
  • La contratación con terceros
El Consejo «no suplanta la responsabilidad del párroco ni gobierna la parroquia, sino que su misión es la de ofrecer las herramientas para la puesta en marcha de los planes de actuación», advierte el vicesecretario de asuntos económicos de la CEE.

5. El presupuesto

Como casi cualquier organización humana, «toda parroquia debe contar con un presupuesto de ingresos y gastos que permita, conociendo la realidad de la misma, establecer las prioridades de actuación y de gasto correspondientes, y llevar a cabo el seguimiento mensual de dichos objetivos, corrigiendo aquellas cuestiones que sean necesarias».

Unos fieles asisten a misa

Unos fieles asisten a misaAlexey Pevnev

6. Ojo al gasto

«Es muy importante que todos los gastos que realice la parroquia se efectúen de acuerdo con la ley, es decir: todas las compras con el IVA correspondiente, los pagos de personal conforme a la legislación, evitar los pagos en efectivo, etc.», señala Giménez Barriocanal. Adicionalmente, como en cualquier empresa o asociación, «hay que establecer mecanismos de contratación eficientes, con varios presupuestos a elegir de cada compra, con rotación de proveedores y selección de los mismos con base en criterios objetivos y no basados simplemente en criterios personalistas o de amistad».

7. Los fieles son parte

«Es absolutamente imprescindible trabajar en la concienciación de los fieles sobre la necesidad del sostenimiento de la parroquia, optando de una manera inequívoca por el compromiso periódico mensual», destaca el profesor de Economía. Según él, también se pueden buscar «otras posibles fuentes de financiación», a la vez que establece que «esta labor no solo incumbe al párroco, sino de manera especial a los laicos y, particularmente, a los miembros del Consejo Económico Parroquial».

Un feligrés pasa el "cepillo" en misa

Un feligrés pasa el «cepillo» en misaGetty Images

8. No olvidar a la diócesis

La parroquia no es una «isla» desgajada de su diócesis, por lo que debe existir «siempre un espíritu de comunión eclesial, con plena disposición a compartir recursos humanos, materiales y financieros».

9. Transparencia

Un elemento clave de la gestión que se repite hasta la saciedad desde hace unos años: la transparencia. Debe ser «la seña de identidad de nuestra parroquia, dando a conocer con total naturalidad a todos los que se acercan la realidad económica de la parroquia, de dónde vienen sus recursos y qué actividades concretas se han financiado con los mismos».

«La transparencia no es solo una obligación, sino que brinda una oportunidad para seguir evangelizando», observa Barriocanal. «La publicación de las cuentas periódicamente en todos los soportes adecuados —dando razón de las cantidades recibidas y, sobre todo, del destino de las mismas—, debe ser una práctica habitual en todas las parroquias», agrega.

10. No relegar los propios fines

Una parroquia, ciertamente, no se trata de un «negocio», y por eso «la gestión económica no puede ser un elemento autónomo de la propia realidad y misión de la parroquia». «Todos los bienes de la parroquia están destinados a los fines propios de la Iglesia, es decir, al anuncio gozoso de la buena noticia, a la celebración de la fe vivida en comunidad y a la caridad como experiencia del encuentro con el prójimo y más necesitado, donde se refleja el rostro mismo de Cristo», concluye.

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