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TribunaLidia FernándezVarsovia (Polonia)

Antes de Berlín, el Muro cayó en Polonia

Al año de ser elegido Papa, en 1979, Juan Pablo II viajó a su país natal. El KGB calificó su visita como «la operación más peligrosa para el bloque soviético desde 1945»

Juan Pablo II, junto a Lech Walesa y su mujer

Juan Pablo II, junto a Lech Walesa y su mujerEuropa Press

Se firmó en 1918, en un vagón de tren en el bosque de Compiègne, cerca de la localidad de Rethondes, en el norte de Francia. El 11 de noviembre, a las 11 de la mañana, se ponía fin a la Primera Guerra Mundial.

En el norte, ese mismo día, en Polonia, el patriota y militar Józef Piłsudski asumió el mando de un Estado que había desaparecido del mapa durante 123 años, repartido entre Rusia, Prusia y Austria. Era la resurrección de una nación que había sobrevivido solo en la lengua, la religión y la memoria de su pueblo; lo demás estaba destruido. En palabras de Piłsudski: «Ser derrotado y no rendirse es victoria; ser victorioso y descansar es derrota».

La alegría de 1918 fue efímera. El 1 de septiembre de 1939, la Alemania nazi invadió Polonia desde el oeste, y diecisiete días después, la URSS atacó desde el este. De nuevo Polonia quedó dividida, esta vez en dos. Hitler y Stalin consumaron el Pacto Ribbentrop-Mólotov, que borraría al país —otra vez— del mapa, hasta 1945.

Ese año, 1945, los alemanes regresaron a sus casas. Los soviéticos se quedaron. Polonia ganó territorios en el oeste, pero perdió extensión en Lituania, Bielorrusia y Ucrania occidental, los Kresy Orientales. Millones de habitantes pasaron a formar parte de la URSS. Polonia pasó de una ocupación alemana a una «liberación» controlada por Moscú.

Joseph Stalin lo definió así: «Polonia no debe tener un gobierno que actúe en contra de la Unión Soviética; solo un gobierno amistoso puede existir allí».

Se estableció un gobierno comunista, la Polish People’s Republic (República Popular de Polonia) que, aunque formalmente autónomo, recibía órdenes de Moscú. Entre ellas, la Masacre de Katyn en 1940, en la que Narodnyy Komissariat Vnutrennikh Del (NKVD), la policía secreta soviética, asesinó a 22.000 oficiales, intelectuales y sacerdotes polacos. Moscú negó su responsabilidad hasta 1990, más de medio siglo después.

Durante más de cuatro décadas, Polonia permaneció en la órbita soviética bajo la dictadura de la hoz y el martillo.

Solidarność: la revolución silenciosa

Al norte, en los astilleros de Gdańsk, el electricista Lech Wałęsa logró reunir a más de 10 millones de personas —desde obreros hasta intelectuales y campesinos— en el sindicato Solidarność (Solidaridad). Un terremoto político que se había fraguado silenciosamente desde los años setenta. En 1981, el régimen comunista impuso la ley marcial para frenar el movimiento, pero ya era tarde: la semilla de la libertad había sido plantada.

Lech Wałęsa logró aglutinar al pueblo contra el gobierno comunista

Lech Wałęsa logró aglutinar al pueblo contra el gobierno comunista

Karol Józef Wojtyła, elegido Papa en 1978, pronunció unas célebres palabras. Aquella frase se convirtió en símbolo de resistencia pacífica y dignidad frente a la tiranía. Wojtyła, nacido en Wadowice, Polonia, sorprendió al mundo al convertirse en Juan Pablo II. La frase: «¡No tengáis miedo!», no era solo un mensaje espiritual, sino también un llamado a la valentía frente a la opresión política. Inspiró esperanza y orgullo nacional, reforzó la identidad cultural y religiosa frente al ateísmo estatal impuesto por el régimen comunista y motivó a la sociedad civil a organizarse y resistir pacíficamente.

Al año de ser elegido Papa, en 1979, viajó a su país natal. El KGB calificó su visita como «la operación más peligrosa para el bloque soviético desde 1945».

Derrota del Partido Comunista

El movimiento Solidaridad recogió aquellas palabras para armarse de coraje moral y desafiar al régimen. El 4 de junio de 1989, Polonia celebró las primeras elecciones semilibres en todo el bloque comunista. Los candidatos de Solidaridad arrasaron. Los resultados fueron tan abrumadores que el periódico oficial del régimen, Trybuna Ludu, intentó censurarlos durante tres días antes de reconocer la derrota del Partido Comunista.

Dos meses después, Tadeusz Mazowiecki, un intelectual católico y consejero de Solidaridad, se convertía en el primer ministro no comunista de Europa del Este desde la Segunda Guerra Mundial. En Moscú, Mijaíl Gorbachov no intervino. Fue el principio del desmoronamiento del bloque soviético.

La frase la dijo el historiador británico Norman Davies: «Cada vez que Polonia se levanta, Europa cambia». Cinco meses después de las elecciones en Polonia, exactamente el 9 de noviembre de 1989, caía el Muro de Berlín. El colapso de la Unión Soviética en 1991 marcó el final del comunismo europeo.

Polonia ingresó en la OTAN en 1999 y en la Unión Europea en 2004. Hoy, cada 11 de noviembre, los polacos ondean su bandera blanca y roja celebrando su independencia; la de 1918 y la de 1989.

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