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El genocidio de La Vendée

El genocidio de La Vendée es la otra cara de la Revolución que no se conoce: violencia, fe perseguida y exterminio

La novela de Julio Verne sobre la masacre de los católicos en La Vendée que fue censurada durante más de 100 años

Es uno de los escritores más leídos y adaptados al cine, pero casi nadie conoce la obra en la que relató el exterminio de cerca de 200.000 personas durante la Revolución Francesa, considerado por muchos el primer genocidio de la Edad Moderna

existe un Julio Verne (1828-1905) que durante más de un siglo permaneció en penumbra, casi como si no terminara de encajar en el retrato oficial del autor visionario, optimista y científicamente entusiasmado que todos creen conocer.

No se trata de un manuscrito menor ni de un experimento fallido, sino de El conde de Chanteleine, una novela de aventuras escrita por un Verne joven, vibrante y narrativamente sólido, que fue publicada por entregas en 1864 y, años después, vetada en forma de libro por su propio editor.

Portada del libro 'El conde de Chanteleine',

Portada del libro 'El conde de Chanteleine', publicada por la editorial LibrosLibres

¿La razón? El conde de Chanteleine se atreve a contar una historia incómoda: el alzamiento católico y monárquico de la región francesa de la Vendée contra la Revolución Francesa y la brutal represión que siguió. Un episodio que el relato revolucionario ha preferido minimizar, cuando no borrar, y que hoy muchos historiadores no dudan en calificar como el primer genocidio sistemático de la Edad Moderna.

La fe como línea roja

¿Pero el lector se encuentra ante un simple relato de capa y espada con la Vendée como decorado exótico? Bastan pocas páginas para despejar la duda. Verne no utiliza la guerra vandeana como telón de fondo: entra en ella, la explica, toma partido y la hace eje de la narración. Lo hace además con el pulso narrativo que lo convirtió en uno de los autores más leídos de todos los tiempos.

El contexto de la novela se sitúa en 1793. La Convención Nacional de Francia acababa de promulgar un decreto para reclutar 300.000 soldados. Aunque la decapitación de Luis XVI no había sublevado a los sencillos labriegos de la región, la imposición de aquella leva, que venía a arrancar a «la más lozana juventud», desbordó el sufrimiento popular.

Pero si la llamada a filas fue la gota que colmó el vaso, el detonante espiritual fue la persecución religiosa. La novela detalla la irritación de los campesinos por la dispersión de párrocos que habían jurado la Constitución Civil del Clero convirtiéndolos en funcionarios eclesiásticos del Estado. La reacción campesina dio lugar a la formación del «ejército del altar y del trono», liderado por aristócratas locales.

La trama sigue al valiente conde Humbert de Chanteleine (inspirado en el lugarteniente de Charette) y a su leal servidor, el bretón Kernan, en su lucha contra el Comité de Salud Pública. El optimismo aventurero de Verne no oculta aquí la crueldad de la guerra, ni la absoluta centralidad de la fe en el alzamiento vandeano.

Cuando se puso en jaque la propia Revolución

Para profundizar en la piedad de estos héroes contrarrevolucionarios, Verne incluye pasajes conmovedores sobre el clero refractario, aquellos sacerdotes fieles a la fe y al Papa. El conde relata cómo observó su ministerio en tiempos de guerra y su heroísmo en combate:

El conde de Chanteleine

«Les he visto luego lanzarse al fragor del combate con el crucifijo en la mano y socorrer, consolar y absolver a los heridos incluso bajo el fuego de los cañones republicanos; y allí me han parecido más venerables que en medio de las pomposas ceremonias de una catedral. [...]

He visto muy de cerca a esos ministros del Altísimo; los he visto bendiciendo y absolviendo a un ejército entero postrado de rodillas antes de dar una batalla; los he visto celebrando el santo oficio de la misa, en una colina sin más altar que una piedra con una tosca cruz de leño, sin más cáliz que un vaso de barro y sin más ornamentos que un trozo de tela grosera»

El pueblo católico aborrecía a los sacerdotes que habían jurado la Constitución, negándose a recibirlos y persiguiéndolos. Esa resistencia religiosa, convertida pronto en desafío político, acabaría provocando una respuesta implacable. Después de la derrota de los vandeanos en Savenay, la Convención ordenó arrasar el territorio. La furia republicana se extiende hasta Quimper, donde la guillotina no tarda en funcionar.

Se calcula que hasta 200.000 personas fueron eliminadas, no solo mediante ejecuciones públicas, sino también a través de métodos estremecedores: ahogamientos masivos en los ríos, fusilamientos indiscriminados, hornos de pan convertidos en instrumentos de muerte, envenenamientos e incluso despellejamientos, con la piel de las víctimas vendida posteriormente.

Jacques Cathelineau, general del Ejército Católico y Real de La Vendée

Jacques Cathelineau, general del Ejército Católico y Real de La VendéeAnne-Louis Girodet de Roussy-Trioson

Pese a la magnitud de la represión y al decreto de «arrasamiento» total del territorio para sofocar la amenaza, rara vez se recuerda que la sublevación de la Vendée llegó a poner en jaque la propia supervivencia de la Revolución.

«¡Destruid la Vendée y Valenciennes dejará de estar bajo ocupación austríaca! [...] ¡La Vendée y siempre la Vendée, he ahí el chancro que devora el corazón de la República! ¡Y el punto en el que es preciso golpear!», llegó a decir el jacobino Bertrand Barère ante la Convención Nacional francesa en 1793. Pronto se organizarían las llamadas 'columnas infernales' bajo el mando del general Louis Maríe Turreau que arrasarían con todo a su paso.

El veto ideológico que la condenó al olvido

Verne, siendo bretón y por ello oriundo de la región más perseguida, transmitió con verismo el espíritu de la resistencia. El protagonista de la novela está inspirado en Pierre-Suzanne Lucas de La Championnière, lugarteniente de Charette, uno de los grandes caudillos militares vandeanos, fusilado en Nantes en 1796. Verne conoció a los hijos de La Championnière en casa de su tío Prudent, y de primera mano escuchó relatos de combate, persecución y derrota.

Por ello su relato chocó frontalmente con el espíritu oficial de la época y, crucialmente, con su propio editor. Verne había publicado El conde de Chanteleine por entregas en 1864, pero cuando años más tarde quiso darle forma de libro, su editor y amigo, Pierre-Jules Hetzel, se negó rotundamente. Un lastre ideológico que mantuvo la obra oculta en Francia durante décadas. A diferencia de España, donde se conoció a finales del siglo XIX, en su país de origen no se publicó íntegra hasta 1971, y hubo que esperar a 1994 para que se editara como volumen separado.

Es una novela de aventuras, sí, pero también una apología clara del alzamiento cívico de la Vendée «por Dios y por el Rey». En sus páginas late una admiración constante por la fe sencilla de los campesinos y una censura hacia quienes, en nombre de la «libertad, igualdad y fraternidad», ejercieron una masacre sistemática.

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