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Pilar Tobar, orgullosa delante de su Belén

Pilar Tobar, orgullosa delante de su belénArchimadrid

Pilar Tobar, 91 años, y casi 30 montando un belén napolitano

Desde antes del verano lo empieza a planear, y lo instala en el convento de Santa Ana y San José de las carmelitas descalzas de Madrid

Un día, Pilar Tobar viajó a Nápoles, quedó fascinada con los belenes que allí se hacían y decidió replicarlo en Madrid. Resumen sencillísimo del porqué de un montaje que ya es tradición en Madrid y que es uno de los más singulares que se pueden ver en la Navidad de la archidiócesis, según recoge su propia página web.

Hay que decir que Pilar tiene 91 años. Pero nunca se ha echado para atrás en esto del belén. Está ligada a las carmelitas descalzas del convento de Santa Ana y San José, en el madrileño barrio de San Blas, porque es familiar de la beata María Sagrario (Elvira Moragas Cantero de nombre civil), que fue religiosa de esa comunidad. Empezó exponiendo belenes del mundo en el convento para ayudar a las monjas, que estaban de obras por aquel entonces. Eran finales de los 90.

En el año 2003 llegó la escapada a Nápoles y ya esa Navidad hizo ella misma el Misterio al estilo napolitano: cabeza y extremidades de barro, cuerpo de trapo y, después, confección y bordado de los vestidos. Luego siguió con los Reyes, con los pastores y así hasta ahora, que tiene un pueblo entero.

Ella misma ha ido haciendo las construcciones, casas napolitanas —a diferencia de los tradicionales belenes hebreos—, las más nobles con molduras. «Todas ellas están en funcionamiento», habitadas, cuenta con orgullo. Hasta lo que sería el ayuntamiento, que, por cierto, recrea los murales de la Casa de la Panadería de Madrid. «Yo pongo el de mi pueblo», dice a lo castizo, aunque en realidad Pilar nació en Burgos.

Una de las "casas habitadas" del belén de Pilar Tobar

Una de las «casas habitadas» del belén de Pilar TobarArchimadrid

Cada año renueva el belén: restaura las piezas o directamente hace nuevas. Como la botica. Es especial esta escena porque nace en honor a Elvira Moragas Cantero, que fue antes que monja farmacéutica, «la primera mujer que ejerció», mártir durante la Guerra Civil. La que ha hecho Pilar es una réplica exacta de la farmacia en la que trabajó antes de hacerse carmelita, que aún sigue funcionando, en la calle San Bernardino, 11.

Pilar hace el planteamiento del belén antes del verano, y a la vuelta va trabajando en el montaje una vez por semana. Entremedias, este verano por ejemplo aprovechó para hacer nuevas las capas de los Reyes, «que van todas forradas». Por eso, cada año el belén es «completamente distinto». El diseño, los edificios, las figuras. Siempre hay novedades, pero siempre recreando el siglo XVIII, el siglo del belén napolitano.

Un arpa en una casa

El nivel de detalle que adquiere es singularísimo. Desde los pavimentos hasta las fachadas, pasando por la vegetación, que hay abundantemente y es toda natural. Los interiores de las casas están cuidadísimos. Algunos de ellos se han ganado al espacio gracias a la técnica belenística de profundidad con espejos, y en todos se pueden apreciar cerámicas, jarrones con flores y hasta un arpa asoma a través de un balcón.

Una figura que parece caída, pero no, «ha tropezado», llevaba una cesta con huevos y estos aparecen rotos en el suelo. En el belén de las carmelitas, los mejillones de la taberna son de verdad, el vino de las copas es el de misa de las monjas, la mirra la trajo Pilar de Siria y el incienso es también del convento.

Un detalle del Nacimiento

Un detalle del NacimientoArchimadrid

Están representados todos los oficios: son 25 metros cuadrados con, además del boticario, el panadero, la costurera, el pescadero, carnicero, hilandera, alfarero —es digno de observar los ladrillos manufacturados—, castañera, tabernero, jaboneras, carpintero… Esto de enmarcar el nacimiento de Jesús en medio de los acontecimientos de la vida ordinaria es lo que más le interesa a Pilar del belén napolitano. «Aparte de lo relacionado con nuestras creencias, es el pueblo lo que me gusta», asegura.

Hay una construcción que nunca falta en la sala: un castillo de Herodes de hierro que hizo el padre de Pilar en 1940. «Mi primer recuerdo que tengo del belén es pintar este castillo con mi padre», rememora. Por eso, porque en los belenes hay también mucho de tradición, de infancia y de emoción, Pilar desea que todo aquel que vaya a ver su montaje se lleve «el recuerdo de un belén maravilloso, y que vayan luego y lo pongan en casa». No importa cómo, «puede estar más torcido, pero da igual, es un belén».

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