Una de las muchas variantes del villancico 'La Virgen va caminando'
Un villancico como este encierra un conjunto de propiedades musicales, entre otras razones, por sus «combinaciones de timbre» que lo hacen ideal para su canto
Domenico Bigordi (llamado Il Ghirlandaio): “La adoración de los Reyes Magos”. Hacia 1485-1488.
Según la zona geográfica y la época, el villancico La Virgen va caminando -cuyo autor primitivo se desconoce- ha presentado versiones muy variadas, tanto en la letra como en la melodía, lo cual es propio del folclore popular de transmisión oral. La que presentamos aquí es una de las muchas posibles que se escuchan y cantan en el periodo navideño.
La Virgen va caminando
caminito va
caminando hacia Belén.
Como el camino es tan largo
que tienen que andar,
al Niño le ha dado sed.
-No pidas, bien mío,
agua de beber,
que turbia el arroyo
la suele traer.
[2] A la orilla del camino
que cercado está,
naranjas suelen coger;
que lo guarda un viejecito
con perro y zagal,
viejecito que no ve.
-¿Me da usted alguna?
-Escójala usted.
-Es para este niño
que quiere beber. [3] Baja del monte y no tardes, baja Pascual,
y coge romero y miel,
romero y miel,
y coge romero y miel.
Y antes que la noche venga, baja Pascual,
quiero llegar a Belén,
romero y miel,
quiero llegar a Belén.
[4] A la salida del huerto
que cercado está.
ha empezado el ciego a ver.
-¿Quién ha sido esta señora,
lo sabes zagal,
que me trajo tanto bien?
-La Virgen María
que va hacia Belén
-Dio luz a mis ojos
y al alma también.
Recreación del «Romance de la Huida a Egipto»
El villancico es una recreación del «Romance de la Huida a Egipto», del que existen varias versiones. El asunto que se desarrolla es bien simple: la Virgen obra el milagro de devolverle la vista a un pastor ciego que les socorrió con naranjas para calmar la sed del Niño en su caminata hacia Belén.
Pero al no tratarse de un romance propiamente dicho -sino de un villancico-, ni se mantiene el verso octosílabo ni los pares riman en asonante. Los 40 versos pueden agruparse en cuatro secciones que, a su vez, admiten subdivisiones en razón de las diferentes intervenciones de los personajes: un narrador, la Virgen, un viejo pastor ciego y un zagal llamado Pascual.
Versos 1-10. La Virgen y el Niño se encaminan a Belén, en un largo recorrido. El Niño tiene sed; pero la Virgen le impide que beba agua del arroyo, porque suele estar sucia. Si agrupamos los seis primeros versos, obtenemos una combinación de octosílabos (los versos 1, 3, 4 y 6) y hexasílabos (versos 2 y 5) Y en cuanto a la rima, se produce la asonancia /á-o/ entre los versos 1 y 4 («caminándo/lárgo»); la asonancia aguda /á/ entre los versos 2 y 5 («vá/andár»); y la asonancia aguda /é/ entre los versos 3 y 6 («Belén/séd»). En los cuatro restantes versos (6 a 10), el narrador cede la palabra a María, cuya voz se escucha.
Los versos son ahora todos hexasílabos, y los pares riman en consonante /-ér/ («bebér/traér»); y al quedar los versos 7 y 9 sueltos, podríamos hablar en este caso de una cuarteta asonantada en la que solo riman los versos pares (el 8 con el 10). Dos efectos rítmicos y musicales observamos en estos diez versos iniciales: la eficacia acústica del políptoton de los versos 1, 2 y 3 «([...] va caminando, / caminito va / caminando […]», versos en los que, además, la perífrasis verbal «ir+gerundio» aporta una nota de lentitud que sugiere la dureza del camino. Y el segundo, es el hipérbaton de los versos 9 y 10 («que turbia el arroyo / la suele traer», un hipérbaton que responde a las exigencias del cómputo silábico y de la rima (compruébese el mismo texto sin hipérbaton: «que el arroyo suele traerla turbia»).
Versos 11-20. En el camino encuentran un naranjal, a cuyo cuidado está un anciano invidente, acompañado de un perro y de un joven pastor. La Virgen le solicita alguna naranja para que con su zumo el Niño pueda apagar su sed, a lo que accede gustoso. Y en estos versos se repite idéntica la anterior estructura, tanto en el número de sílabas de los versos y en su ubicación, como en la distribución de las rimas, aunque no presenten idéntica asonancia en los mismos versos. Los seis primeros versos corresponden al narrador; y de nuevo se combinan versos octosílabos (1, 3, 4 y 6) con hexasílabos (2 y 5). También el patrón de las rimas es el mismo, pero hay pequeñas diferencias en las asonancias. Hay asonancia /í-o/ entre los versos 1 y 4 («camíno/viejecíto»); asonancia aguda /á/ entre los versos 2 y 5 («está/zagál»); y asonancia aguda en /é/ entre los versos 3 y 6 («cogér/vé»). En estos dos últimos casos, las rimas son las mismas (asonancias en /á/ aguda y en /é/ aguda) de los versos respectivos del anterior agrupamiento, y ahí radica la diferencia, mínima a efectos de rítmica. Y ahora el narrador deja paso a un breve diálogo entre la Virgen (2 intervenciones) y el viejo ciego, que se limita a decir «-Escójala usted» [la naranja que quiera]. Los cuatro versos son hexasílabos, y los pares riman en asonante aguda /é/ («ustéd/bebér»), lo que implica cierta variación con los versos 8 y 10 del conjunto precedente, cuya rima es consonante. Y otra vez quedan sueltos los versos 7 y 9. Es destacable la reiteración de la palabra «viejecito» que emplea el narrador al final del verso 4 y al principio del verso 6, porque su carácter diminutivo contrasta afectivamente con su condición de invidente, y hace más viva la respuesta afirmativa que ofrece a la Virgen respondiendo a su demanda.
Versos 21-30. Irrumpe un nuevo personaje, Pascual -nombre muy típico en pastores literarios del Siglo de Oro-, al que la Virgen le pide que baje presto del monte con romero y miel, ya que antes de que anochezca quiere llegar a Belén. Este tercer agrupamiento de versos supone cierta novedad con los anteriores. Podemos dividirlo en dos partes de cinco versos cada una. Son octosílabos los versos 1, 3 y 5 / 6, 8 y 10; pero los versos 2 y 4 / 7 y 9 son pentasílabos; y riman entre sí los versos 3, 4 y 5 / 9 (con rima /-él/), al repetirse la palabra «miél», rima, por tanto, consonante; con rima consonante, -/ál/ los versos 2 / 7, al repetirse la palabra «Pacuál»; y con rima consonante /-én/ los versos 8 y 10, al repetirse la palabras «Belén». La heterometría, la sonoridad de las rimas y, sobre todo, la continua repetición de versos con idénticas palabras (versos 2 / 7: «baja, Pascual»; versos 3, 5: «y coge romero y miel»; versos 4 / 9: «romero y miel»; versos 8 y 10: «quiero llegar a Belén») ayuda, por un lado, a que la orden de la Virgen a Pascual resulte más efectiva -y para ello recurre, además, a las formas imperativas, ya afirmativas (versos 1, 2 / 7: «baja»; versos 3 y 5: «coge»), ya negativas (verso 1: «no tardes»)-; y, por otro, a que la resolución de la Virgen de «llegar a Belén» no ofrezca dudas -y para ello emplea el presente de indicativo con valor prospectivo («quiero llegar»), expresando así la inmediatez o seguridad con respecto a la realización de una acción que se va a llevar a cabo.
Entendemos que los versos en los que se citan «romero y miel»(3, 4, 5 / 9) aluden a la miel de romero, que elaboran las abejas a partir de las flores de esta planta, y cuyas propiedades terapéuticas de protección del organismo eran sobradamente conocidas en la antigüedad.
Versos 31-40. El narrador afirma que el viejecito ha recuperado la vista, y se retira para dar paso al diálogo que sostiene con el joven pastor que le acompaña interesándose por quién ha obrado el milagro de que haya recuperado la vista; este interviene una sola vez; aquel, dos, de forma que su segunda intervención cierra el villancico y contiene el verdadero tema que ha estado subyacente a lo largo de él: ha sido la Virgen María, en su camino a Belén, la que «-Dio luz a mis ojos / y al alma también»; con lo cual el milagro adquiere una dimensión que va mucho más allá de lo puramente físico.
En este cuarto agrupamiento de versos se vuelve a la fórmula métrica y, en cierto modo, estructural, de los agrupamientos segundo y tercero, al poder dividirlo en dos partes: versos 1 a 6, y versos 7 a 10. En la primera parte son octosílabos los versos 1, 2, 4 y 6: y hexasílabos los versos 2 y 5; y en la segunda parte, lo cuatro versos son hexasílabos. Y en cuanto a las rimas, han quedado libres los versos 1 (terminado en «huerto»), 3 (terminado en «ver»), 4 (terminado en «señora»), / 7 (terminado en «María») y 9 (terminado en «ojos»); y riman en asonante aguda /á/ los versos 2 y 5 («está/zagal»); por otra parte, el verso 6 (terminado en «bién») rima con los versos 8 y 10 en consonante /-én/ («Belén/también»); y de esta forma se enlazan la primera y la segunda parte de este conjunto de versos. Quizá la aliteración de la vocal a en el verso 10 («y al alma también») sirve para hacer más acústicamente perceptible la trascendencia espiritual de la acción de la Virgen. Hay además en este verso lo que Alarcos Llorac llamó «tartamudeo silábico» -comentando los recursos estilísticos de la poesía de Blas de Otero-: el comienzo de una palabra con la misma sílaba que termina la anterior: «al alma»), lo que sirve para manifestar una intensa emoción.
Un villancico como este, en definitiva, que además de su contenido propiamente religioso, convertido en motivo navideño, encierra un conjunto de propiedades musicales, entre otras razones por sus «combinaciones de timbre» que lo hacen ideal para su canto.