«Ya viene el Niñito»: el villancico ecuatoriano que ha conquistado Hispanoamérica
Son varios los recursos empleados que demuestran el dominio que tiene el autor en la realización de este tipo de composiciones, ajustando a la perfección letra y melodía.
Pedro de Orrente: «Adoración de los pastores». 1623-1525. Óleo sobre lienzo
El villancico Ya viene el Niñito tiene por compositor al ecuatoriano Salvador Bustamante Celi (1876-1935), gran devoto de la Sagrada Familia, y autor de una gran cantidad de villancicos, algunos de los cuales se vienen cantando en toda Hispanoamérica.
Citemos, entre otros, los titulados «Entre pajas y heno», «En brazos de una doncella», «La Virgen y San José», «No sé Niño hermoso», «Lindo Niño», «Pimpollito del alma», «Venid pastorcillos», etc. Transcribimos a continuación la letra del villancico que hemos seleccionado, Ya viene el Niñito. De su popularidad es buena prueba el que haya sido traducido a más de un centenar de idiomas
Ya viene el Niñito
jugando entre flores
y los pajaritos
le cantan amores.
[2] Ya se despiertan
los pobres pastores
y le van llevando
pajitas y flores.
[3] La cama está fría,
la cama está dura, [Bis]
la Virgen María
llora con ternura. [Bis]
[4] Ya no más se caen
todas las estrellas
a los pies del Niño
más blanco que ellas.
[5] El gallo en el parque
ya se ha despertado,
la Virgen se asusta
y el Niñito llora.
[3] La cama está fría,
la cama está dura, [Bis]
la Virgen María
llora con ternura. [Bis]
[6] Yo le voy a hacer
la cama de lecho.
Huye de Belén
y vente a mi pecho.
[7] Niñito bonito,
manojo de flores, [Bis]
llora, pobrecito,
por los pecadores. [Bis]
Siete estrofas de cuatro versos hexasílabos
El villancico logra una cadencia rítmica muy apta para el canto. Lo componen siete estrofas de cuatro versos hexasílabos que establecen un ritmo cuaternario muy marcado, y con unas rimas que ayudan a la musicalidad del conjunto. Dado que en el estribillo se repiten los versos dos a dos, el ritmo cuaternario se mantiene. En cuanto a las rimas, se combinan consonantes y asonantes, lo cual es frecuente en canciones populares:
Estrofa 1. Rimas consonantes alternas: /-/ito/ («Niñito»/«pajaritos»: ambas palabras contienen el sufijo diminutivo -íto, con marcado carácter afectivo); /-óres/ («flores»/«amores»). Este mismo esquema presenta la estrofa 7: «bonito»/«pobrecito» y «flores»/«pecadores» (adviértase que la palabra «flores» se repita al final del verso). En este caso, la reiteración de sus versos, dos a dos, no conforman un nuevo estribillo). La estrofa resultante es una cuarteta.
Estrofa 2. Es, asimismo, una cuarteta, en la que se combinan las rimas consonante (en los versos pares: /-óres/: «pastores») y asonante /á-o/ (en los veros impares («se despertaron»/«van llevando»).
Estrofa 3. Constituye el estribillo. Y vuelve a tratarse de una cuarteta con rimas cruzadas en consonante: /-ía/ («fría»/ María) y /úra/ («dura»/ «ternura»).
Estrofa 4. Solo riman en consonante los versos pares (/-éllas/: «estrellas»/ «ellas»), mientras que los impares quedan libres («caen»/ «Niño», y ninguna de estas rimas, ya consonante, ya asonante, se repite a lo largo de la composición). Por lo tanto, la estrofa resultante es una copla. La locución adverbial «no más» significa «solamente».
Estrofa 5. Los cuatro versos son blancos, y carecen de rima, aun cuando en el oído quede la asonancia que podría recordar la rima, ahora asonante /-ú-a/, de la estrofa 3: «dura»/«ternura»/«asusta»; y algo similar ocurre con el perfecto «ha despertado», en relación con el perfecto simple y la perifrasis verbal de la estrofa 2, con la asonancia / á-o/ («se despertaron»/«van llevando»).
Estrofa 6. Una nueva cuarteta en la que se combina rima asonante en los imares («hacer»/«Belén») con rima consonante en los pares («lecho»/ «pecho»).
Estrofa 7. Repite el esquema de la estofa 1.
El villancico reúne todos los ingredientes que son propios del nacimiento de Jesús en este de composiciones: los personajes principales (el Niño y la Virgen María, los pastores), la cuna -el pesebre- y las pajas, los animales domésticos (el gallo), el mundo natural (flores, pájaros, estrellas), la referencia a Belén …, adecuadamente distribuidas a lo largo del texto. Y algunos de los nombres llevan el sufijo diminutivo /-íto/ («Niñito», «pajaritos», «pajitas», «bonito», «pobrecito»), con lo que el léxico aporta una nota de alta emotividad. Además, en la última estrofa al Niñito se lo califica como «bonito», y va acompañado de la aposición metafórica «manojo de flores», como si de un epíteto épico en función apositiva se tratara; ya ello hay que añadir el lloro «tierno» de la Madre («con ternura»), ante la frialdad y dureza de la cuna.
De esta manera se logra expandir un clima de afectuosidad, que culmina cuando la voz poética interviene en presente de imperativo para exhortarle al Niño que huya de Belén, y que siempre tendrá un lugar en su corazón. Más aún, se erige en una especie de representante de la humanidad para pedirle al «Niñito bonito» -ahora audido con un adjetivo sustantivado de gran valor connotativo: «pobrecito»- que llore por los pecadores (estrofa 7).
Son varios los recursos empleados que demuestran el dominio que tiene el autor en la realización de este tipo de composiciones, ajustando a la perfección letra y melodía.
En primer lugar, la reiteración de determinadas palabras: «Niñito» (cuatro veces, título incluido, más el propio nombre «Niño»; a fin de cuentas, todo gira en torno a él), «flores» (dos veces), el verbo «ir» conjugado en perífrasis verbales («van llevando» (sentido durativo)/”Voy a hacer” (sentido incoativo) y también en presente de imperativo con pronombre átono pospuesto («vente») «cama» (tres veces), «llora» (dos veces, una en presente de indicativo y otra en presente de imperativo), «Virgen (3 veces), “se despertaron» (que reaparece bajo la forma «se ha despertado»), unas repeticiones a las que hay que sumar las palabras incluidas en los bises. Estas repeticiones léxicas cuentan con una tradición ancestral en el ámbito de la poesía popular de transmisión oral, tal y como podemos comprobar, por ejemplo, en los romances. estas reiteraciones las hay de tipo sinonímico («cama»/«lecho») y, asimismo, reiteraciones léxicas múltiples que conforman los versos que se bisan, algunas de las cuales originan construcciones paralelísticas; sirva como ejemplo: «La cama está fría, / la cama está dura» [determinante artículo + nombre + verbo en función copulativa +adjetivo atributo], uno de los bises del villancico.
En segundo lugar, la escasa presencia de adjetivos, que se aplican solo a los pastores («pobres pastores»), para subrayar su humildad; a la cama («cama fría/dura»), para establecer un contraste con la tibieza del ambiente; a los pies del Niño («más blancos que las estrellas»), para acrecentar el brillo de su piel, comparada con la luz propia que emiten las estrellas: ya Niñito («Niñito bonito»), para ponderar su belleza. Incluso «con ternura», referido al lloro de la Virgen, puede asemejarse al adjetivo «tierno», que se adverbializa en la forma «tiernamente» para describir cómo es ese lloro: «La Virgen María llora tiernamente». Pocos adjetivos, sí, pero muy expresivos y que, por el contexto, pueden indicar intensos valores connotativos, más allá de su significado puramente nocional.
Y, en tercer lugar, el «dinamismo sintáctico positivo» que aportan los numerosos verbos, que aceleran los períodos sintácticos; a lo que hay que añadir la maestría en la combinación de tiempos y modos verbales, con fuertes transiciones entre el presente de indicativo (estrofa 1: «Viene», «cantan»; estrofa 2: «van llevado»; estrofa 3: «está», «llora»; estrofa 4: «caen»; estrofa 5: «se asusta», «llora»; estrofa 6: «voy a hacer»), el presente de imperativo (estrofa 6: «Huye», «vente»), el pretérito perfecto simple (estrofa 2: «se despierta») y el pretérito perfecto (estrofa 5: «se ha despertado»). Este predominio del tiempo presenta actualiza el contenido del texto y lo acerca a quien lee o interpreta musicalmente el villancico