«Haced, pastores, que suene»: el villancico que hace sonar gaitas, tambores y corazones
El villancico es, en principio, una llamada -hay que suponer de los ángeles- a los pastores para que celebren tocando sus instrumentos, el nacimiento en el portal
Vicente Carducho: «Adoración de los ángeles». 1631. Óleo sobre lienzo. 210 X 151,5 cm. Abadía del Sacromonte, en Granada
No tenemos constancia de la autoría de este villancico, trasmitido oralmente a lo largo del tiempo e interpretado por diferentes artistas y grupos corales. De entre las muchas versiones disponibles, hemos elegido, para fijar una letra, la que interpretarán los Hermanos Galindo, con arreglo orquestal de Javier Galindo. Las imágenes del vídeo -estrenado el 9 de diciembre de 2023- que acompañan a la interpretación son de la ciudad de Cuenca, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1996. Se ha contado con las colaboración de la Catedral de Cuenca.
Haced, pastores, que suene
la gaita y el tamboril:
en un portal ha nacido
un hermoso querubín. (Bis]
[2] Brilla el sol por la mañana
con clara y hermosa luz;
canta María la nana,
mientras se duerme Jesús. (Bis).
Cantad, pastores, que esta noche es Nochebuena.
Tocad la flauta, tambores y castañuelas.
Cantad, pastores, que ha nacido un querubín.
Cantad, pastores, que ha nacido un Niño aquí. [Bis]
[3] Tiene el infante los labios
rojos cuals bellos claveles
y el azul de su mirada
tan limpio como las nieves
[4] «Yo le traigo miel; yo un mazapán;
yo una piel de oveja, mantilla y
pañal».
El villancico es, en principio, una llamada -hay que suponer de los ángeles- a los pastores para que celebren tocando sus instrumentos, el nacimiento en el portal; y esos instrumentos son la gaita, el tamboril, la flauta, los tambores y las castañuelas. Y deben regocijarse en la Nochebuena cantando al son de esos instrumentos; si bien, una vez que le han ofrecido al Niño sus presentes (miel, mazapán, piel de oveja, mantilla y pañal), han de manifestar su alegría fuera del portal, para no despertar al Niño que termina de dormirse al son de una nana cantada por su madre en un día de radiante luminosidad.
Pero el foco de atención es también el Niño recién nacido , descrito como un hermoso querubín de labios rojos y ojos azules de mirada limpia, y al que más adelante se le citará como «Angelito chiquito». (Conviene recordar que los querubines, dentro de la tradición católica, son espíritus celestes que integran el segundo coro, y que, junto con los serafines y tronos, forman la primera jerarquía que les permite contemplar directamente a Dios y cantar su gloria; por lo tanto, «hermoso querubín» no pasa de ser una metáfora para ponderar su belleza).
Y, sin duda, lo que le confiere al villancico unos extraordinarios efectos musicales es la tonadilla «Cantad, pastores, que esta noche es Nochebuena…», con sus bises, y que se repite casi idénticos, con este el ligero cambio, que no altera ni el ritmo ni la sonoridad: «Cantad, pastores, que ha nacido un Niño aquí»/«El Niño está dormido, el Niño está dormido y se puede despertar». Esta tonadilla, acompañada por los instrumentos indicados, crean un clima alegre y festivo que se extiende a todo el villancico.
Detengámonos en los pastores. Ellos mismos toman la palabra para decir lo que llevan al portal cada uno de los tres: «Yo le traigo miel; /yo un mazapán; / yo una piel de oveja, / mantilla y pañal», lo que implica un cambio de »voz narrativa". Y pasemos ahora al Niño. Los miles con los que se comparan sus labios y la expresividad de sus ojos azules a través de su mirada cuentan con una amplia tradición literaria y le dan al sí texto un alto valor esteticista. El fundamento que permite comparar los labios con los claveles es, sin duda el color rojo subido y la comparación de la mirada con la nieve se en la pureza, que es lo que la blancura de la nieve simboliza. El denominarlo «infante» (literalmente, que todavía no habla) es reforzar la idea de que el Niño es un recién nacido.
Y resulta muy adecuado el empleo de los tiempos verbales; por un lado, casi las formas están en presente, ya sea de indicativo o de imperativo (lo que, en alguna forma, y por lo que al imperativo se refiere, nos permite incorporarnos al coro de los pastores); y por otro, hay una clara diferencia entre «El Niño se duerme» (es decir, empieza a dormirse, con la nana que le canta la madre) y «El Niño está dormido» (es decir, se ha dormido ya cuando los pastores llegan con su algazara). Además, el uso del pretérito perfecto («ha nacido») implica que el nacimiento se acaba de producir. Con todo ello se rompe la distancia temporal que puede haber entre los hechos que se narran y la época en que suceden, actualizándolos.
Y hemos numerado las estrofas de 1 a 4, porque en ellas se emplean versos de arte menor: en la 1, la 2 y la 3 el octosílabo; y en la 4, el hexasílabo. Las estrofas 1, 2 y 3 son coplas asonantadas, con asonancia en los pares; la 1 y la 2 son de terminación aguda, lo que refuerza la sonoridad; y la 3, de acentuación llana. Esta es la distribución de las rimas:
Estrofa 1: asonancia /-íl/ («tamboril»/«querubín»).
Estrofa 2: asonancia /-ú/ («luz»/«Jesús»).
Estrofa 3: asonancia /é-e/ («claveles»/«nieves»).
Y en cuanto a la estofa 4, es una combinación se seis versos con asonancia en los pares /á/: («mazapán»/«portal»/«cantar»).
Y la consideramos de seis versos, pues tras los cuatro en los que intervienen en primera persona los tres pastores (con un «yo» enfático), siguen otros dos en que vuelve a ser la voz narrativa ahora la que cierra la estrofa: «Y el Niño se duerme / con ese cantar»; con lo cual, «cantar» rima con «mazapán» y «portal».
Por lo general, cuando el villancico se canta, en la parte en que interviene el coro se añade «lara, la, la», que sirve para reforzar la percusión: Cantad, pastores, que esta noche es Nochebuena. (lara, la, la). Tocad la flauta, tambores y castañuelas. (lara, la, la).