La maldita caja. Lugar de ejecución en la antigua Roma. Los esclavos crucificados. Año 1878
Semana Santa
Cómo era la crucifixión en Roma: el castigo para esclavos, rebeldes y criminales
Durante siglos, la crucifixión fue uno de los instrumentos más terribles del poder romano. No se trataba solo de castigar, sino de dar ejemplo
«Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (carta de san Pablo a los Filipenses). Intrínsecamente ligada al cristianismo, la crucifixión como forma de pena capital no fue inventada por los romanos, pero sí fueron ellos quienes extendieron su uso por todo el Imperio.
Métodos similares habían sido utilizados por el Imperio persa. Alejandro Magno introdujo este sistema de ejecución en los países del este del Mediterráneo: las fuentes nos dicen que ejecutó así a dos mil fenicios, y también a su historiador y biógrafo oficial, Calístenes, por cuestionar su decisión de hacerse adorar como un dios, a la manera persa. Los romanos lo aprendieron de los fenicios cartagineses durante las guerras púnicas, y también hay evidencias de crucifixión de piratas en el puerto de Atenas en el siglo VIII a. C.
Bajorrelieve asirio: en el fondo se aprecia el empalamiento de personas
Los persas fijaban al reo a una estaca vertical, y los romanos añadieron posteriormente travesaños de madera formando una T, una X o una Y. Varios historiadores romanos han relatado crucifixiones: el cronista judío-romano Flavio Josefo narra que el emperador romano Tito, entonces comandante en Judea, crucificó a los rebeldes derrotados durante la primera revuelta judía en el año 70.
Tácito, por su parte, indica que en Roma se llevaban a cabo estas ejecuciones afuera de la puerta del Esquilino, una de las siete colinas de la ciudad. También se refieren a esta forma de ejecución Plauto, Dionisio de Halicarnaso y el hispanorromano Séneca: «Se esforzaban por soltarse de sus cruces, a las que cada uno estaba clavado de sus manos [...] ¡Algunos de ellos llegaron hasta a escupir sobre los espectadores desde sus propios patíbulos!».
La crucifixión se reservaba originalmente a los esclavos, de ahí que Séneca la llamara supplicium servile. Más adelante, se aplicó también a libertos de provincias, rebeldes, piratas y criminales de clase baja. Se llevaron a cabo crucifixiones masivas durante la tercera guerra servil (la rebelión bajo el liderazgo de Espartaco) en el 73-71 a. C.
Los ciudadanos romanos estaban exentos de este castigo. Normalmente, los equipos encargados de la crucifixión incluían a cuatro soldados y un centurión, quienes podían quedarse con las pertenencias y la ropa del condenado como parte de su paga, práctica conocida como expoliatio. Sobre el reo se colocaba además un titulus (del griego titlos), una inscripción que indicaba la acusación.
Representación del siglo XIX de la crucifixión de Spendius y otros líderes rebeldes a manos de los cartagineses tras la batalla de Saw en el año 238 a. C.
La muerte podía tardar desde unas pocas horas hasta varios días, según la técnica empleada. A menudo, la víctima era amarrada al patíbulo con cuerdas, aunque varias fuentes registran también el uso de clavos. Desde el punto de vista arqueológico, estos elementos son poco comunes, en parte porque los clavos eran valorados como amuletos con supuestas propiedades curativas.
En 1968, cerca de Jerusalén, se descubrió accidentalmente un osario con los restos de un joven crucificado del Imperio romano, datado entre el año 7 y 66 d. C. En el hueso del talón derecho conservaba un clavo oxidado, y los estudios forenses mostraron que la punta tenía fragmentos de madera de olivo.
El joven presentaba fracturas en rodillas y tibias. En 2021 se descubrieron, cerca de Londres, los restos de un hombre de la época romana que tenía atravesado un clavo en uno de sus pies. También en su esqueleto había evidencias de heridas que pudo haber sufrido antes de morir, lo que podría señalar lo extendido de la práctica hasta las provincias más lejanas del Imperio.
Evidencia antropológica encontrada en 1968 sobre una crucifixión (derecha) y una reconstrucción actual (izquierda)
El emperador Constantino, quien ordenó poner fin a la persecución del cristianismo mediante el Edicto de Milán en el año 313, también tomó medidas significativas contra los castigos más brutales del Imperio romano. Al final de su reinado, en 337, decretó la abolición de la crucifixión.