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¿Cuándo acaba la Navidad y hasta cuándo se puede dejar puesto el belén?

Aunque muchos creen que las fiestas navideñas acaban el 6 de enero, según la liturgia de la Iglesia se prolongan aún más. La tradición la prorroga, incluso, hasta inicios de febrero

Para la inmensa mayoría de las personas, la Navidad acaba el 6 de enero, con el mágico amanecer que nos regalan los Reyes Magos y la vuelta al trabajo al día siguiente, y los colegios un día después.

Para los centros comerciales, termina incluso antes, cuando tras la Nochevieja se apresuran a retirar la decoración navideña y a cambiarla por los carteles de las rebajas.

Sin embargo, para la Iglesia católica, verdadera garante de la transmisión del misterio de la Encarnación y del Nacimiento del Hijo de Dios, la Navidad se prolonga litúrgicamente más allá del calendario civil. Y no por costumbre, sino por teología.

El final litúrgico: el Bautismo del Señor

Según la liturgia romana, el tiempo de Navidad concluye con la fiesta del Bautismo del Señor, que se celebra el domingo posterior a la Epifanía (o el lunes siguiente, si la Epifanía, es decir, el día de Reyes, cae en domingo). Más concretamente, en este 2026, la Navidad acaba este domingo, 11 de enero.

Con esta fiesta, la Iglesia recuerda el momento en que Jesús, ya adulto, entra públicamente en su misión: el Espíritu Santo desciende sobre Él y el Padre lo revela como su Hijo amado, tal y como recoge el evangelio de san Mateo.

Y no es un pasaje más. El Catecismo explica que este episodio forma parte de las grandes «epifanías» de Cristo, que revelan progresivamente quién es en realidad: «El bautismo de Jesús es la manifestación ('Epifanía') de Jesús como Mesías de Israel e Hijo de Dios» y «al dejarse contar entre los pecadores» «es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente» que «anticipa su muerte y su resurrección».

Por eso, mientras el mundo cree que la Navidad es poco más que un bucólico recuerdo sentimental del Niño Jesús, la liturgia la lleva hasta el Jordán, donde ese chiquirritín de los villancicos... se muestra como el Salvador, por su sacrificio, del mundo y de cada uno.

Ese día, oficialmente, la Iglesia deja atrás el tiempo navideño y entra en el Tiempo Ordinario, el más largo de los tiempos litúrgicos. Pero la historia no termina ahí.

El final tradicional: la Candelaria

No obstante, la piedad cristiana –mucho más antigua que la mayoría de las costumbres navideñas modernas– ha conservado otra fecha como verdadero cierre del ciclo navideño: el 2 de febrero, la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, conocida popularmente como «la Candelaria».

Ese día se conmemora el momento en que, tras la cuarentena que debió guardar la Virgen, María y José llevan al Niño Jesús al templo de Jerusalén, y el anciano Simeón lo reconoció como «luz para alumbrar a las naciones», según el conmovedor pasaje de san Lucas.

Por eso la Iglesia bendice velas (o candelas): porque Cristo es la Luz que ha entrado en el mundo.

Hasta hace no mucho, ese día era aprovechado para bautizar a los niños o para presentarlos y ofrecérselos al santo patrón del lugar, o a la advocación mariana de mayor arraigo local. Un modo de pedir el amparo y la protección al único que la puede garantizar: Dios mismo.

También, durante siglos, en los hogares cristianos no era hasta la Candelaria cuando se desmontaba el belén. Y no por una cuestión estética, sino espiritual: la Navidad no termina cuando el Niño nace, sino cuando es ofrecido al Padre y reconocido como Salvador.

¿Y cuándo se desmonta el belén?

Desde esta tradición de la Candelaria, es perfectamente legítimo y profundamente cristiano mantener el belén puesto hasta el 2 de febrero, momento en que pequeños y mayores pueden recoger en familia los adornos navideños.

Una manera de resistirse al ritmo acelerado del consumo, y recordar que el misterio de Dios hecho carne no se agota en una semana.

Y mientras el mundo ya corre hacia las rebajas, se afana en el trabajo diario y olvidado al Niño a toda prisa, la Iglesia todavía lo contempla, lo ofrece y lo guarda… un poco más.

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