Imagen de archivo de Fabrice Hadjadj
«El optimismo es una forma de desesperanza»: por qué Hadjadj propone la Providencia frente a la seguridad moderna
El filósofo francés rompe la lógica del confort y el «progreso» para reivindicar una esperanza que no se basa en el éxito de un plan humano perfectamente diseñado, sino en la apertura a lo inesperado y lo trascendente
Fabrice Hadjadj se ha consolidado como uno de los intelectuales católicos de referencia en el panorama internacional gracias a una trayectoria marcada por la conversión y una producción literaria que abarca géneros a caballo entre el ensayo y el teatro.
Su historia personal, que transcurre desde sus orígenes judíos y una juventud de militancia nihilista hasta el catolicismo, alimenta una obra prolífica con más de 30 libros, entre los que destacan títulos como La suerte de haber nacido en nuestro tiempo o La fe de los demonios, obra que Juan Manuel de Prada llegó a describir como el mejor libro de teología divulgativa escrito en décadas.
Se ha difundido en estos días un pequeño clip del filósofo, padre de diez hijos, en el que afirma que «la esperanza no es el optimismo». No está lanzando una ocurrencia brillante ni buscando el aplauso fácil de la paradoja. Está señalando una confusión muy arraigada en nuestra época y también presente —aunque cueste verlo— en el cristianismo contemporáneo.
El optimismo, explica Hadjadj, «es una forma de desesperanza». Puede sonar paradójico, pero basta detenerse un momento para comprenderlo. El optimismo confía en los programas, en las previsiones, en la sensación de que «todo irá bien» si hacemos las cosas correctamente. Es la lógica de la planificación, de la seguridad. Es, en el fondo, la lógica del control.
La esperanza como apertura
Esta distinción se hace visible cuando Hadjadj pone como ejemplo el progresismo histórico, que suele apoyarse en una «lógica de programa», donde se busca que todo salga bien bajo parámetros de seguridad y confort. Frente a este refugio, el autor sostiene que la esperanza no se basa en el éxito de un plan humano perfectamente diseñado, sino en la apertura a lo inesperado y lo trascendente a través de la Providencia.
Lo esencial en la vivencia de la esperanza, según el pensador francés, no radica en la búsqueda de la comodidad, sino en la aceptación de la misión y la «exposición de uno mismo» ante la realidad. Hadjadj argumenta que mientras el optimista confía en que las cosas saldrán bien por el propio esfuerzo o el progreso técnico, quien espera deposita su confianza en una fuerza superior: «cuando espero, no creo en mis propias fuerzas, creo en la fuerza de Dios, que actuará en mi vida porque me ama».
Tras su experiencia en el instituto Philanthropos en Friburgo, Hadjadj prepara para este 2026 el lanzamiento en la península de Incarnatus, un instituto para jóvenes de entre 18 y 28 años que ofrece una formación integral en tres ámbitos: académico, espiritual y comunitario. La propuesta pretende recuperar el gusto por la formación integral, combinando enseñanzas clásicas como la Filosofía, la Astronomía o la Literatura con saberes prácticos y artesanos, tales como la carpintería, el teatro o la horticultura.