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Tres capellanes de hospital de la diócesis de Alcalá

Tres capellanes de hospital de la diócesis de AlcaláDiócesis de Alcalá

¿Qué hace un capellán de hospitales? «Hemos visto incluso milagros y curaciones»

Hoy se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, en la que un silencioso pero evangelizador grupo de sacerdotes asisten a las personas en sus últimos momentos

Cada 11 de febrero, la Iglesia católica celebra el día de Nuestra Señora de Lourdes y la Jornada Mundial del Enfermo. En la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid) cuentan con doce capellanes que prestan servicio en los cuatro hospitales públicos que la Comunidad de Madrid tiene en el área territorial de la diócesis complutense: en Torrejón de Ardoz, Coslada, Alcalá de Henares y Arganda del Rey.

El sacerdote Pablo Fra lleva unos tres años como capellán del Hospital Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares. Explica que celebra la misa a las 12 del mediodía un par de días a la semana. Además, este capellán está disponible para confesar, llevar la Comunión y dar la unción de enfermos. Unos sacramentos que no puede administrar sin una solicitud previa. «Nos tienen que llamar. Aunque si es alguien conocido, si es mi madre, un familiar mío o alguien de mi parroquia, yo puedo ir directamente. Pero lo normal es que nos tengan que llamar, es decir, yo no puedo invadir una habitación si antes no me llaman. Si me llaman, estoy a disposición de lo que me pidan. Normalmente, suelen pedir confesiones o, a veces, hablar con el capellán», indica Fra.

Y describe lo que le sucedió hace poco cuando le llamó una persona a la que han «detectado un cáncer terminal y lo que quería era hablar con el capellán porque estaba cabreado con el mundo, con la existencia… Entonces, ¿qué hice? Pues fui a allí a consolarla y a escucharla. Es como una llamada de Dios que tú inmediatamente vas directo adonde te llaman».

Esta misma situación la vive el sacerdote José Manuel Fuertes, que atiende pastoralmente a los enfermos y sanitarios del Hospital Universitario del Sureste, ubicado en Arganda del Rey. Este capellán de hospital da «servicio a los enfermos y a aquellos que, de una manera especial, pasan por mayor dificultad, entre ellos los moribundos. Y también dar consuelo a las familias, sobre todo cuando tienes la oportunidad de dar una unción y atender a las familias en los momentos de mayor soledad y dificultad».

Capellanes de hospital disponibles las 24 horas

Los doce capellanes tienen unos horarios presenciales establecidos en los hospitales pero están disponibles 24 horas por si alguna persona necesita de ellos en cualquier momento del día o de la noche. Hay ocho sacerdotes que atienden esta pastoral a tiempo completo y otros cuatro que lo hacen a media jornada.

El sacerdote Antimo Nguema lleva desde su ordenación sacerdotal en mayo de 2007 sirviendo como capellán en residencias y hospitales. Hoy es capellán en el Hospital Universitario de Torrejón, donde «celebro la misa a las doce en punto y ya después voy a las habitaciones porque algunos pacientes comen a la una y media, otros un pelín más tarde, a las dos. En ese tiempo no hay mucho ajetreo de médicos y enfermeros en las habitaciones para no colapsar el trabajo. Me gusta también respetar eso y atender bien con tranquilidad», comenta.

Sanaciones milagrosas

Estos tres capellanes afirman que han podido presenciar milagros y curaciones en los hospitales. Fra explica que «a veces Dios te rompe los planes cuando tienes que dar estas unciones. Yo estaba un día en mi casa tranquilamente, cené y dije ‘no creo que me llamen del hospital’… Y entonces me llaman de urgencia, ‘¿es usted el capellán?’ Tenemos situación de pre-exitus, que en el lenguaje médico quiere decir que una persona está ya a punto de morirse. ‘¿Puede usted venir?’ Eran las once de la noche y yo estaba cabreado porque había estado viendo el partido del Real Madrid y había perdido. Estaba viendo una película, me quedé a mitad de la película, cogí el coche, estaba el vado de mi parroquia ocupado y cabreadísimo llegué. Encima ya sabes que se va a morir, todo un drama, llegué, di la unción, consolé a la familia y regresé a casa sobre la una de la madrugada. Al día siguiente, la persona que me había llamado para dar la unción, me llama. Yo digo, ya está, que ha fallecido. Me dice, ‘padre, que nos dan el alta, que esta persona piensa que eres Dios’… Y dije, ‘no, no, que ha sido el sacramento, es la fuerza de Cristo que sana, que yo no he hecho nada. Y entonces, pues las enfermeras me veían como Dios, pero yo no había hecho nada, había sido solo darle esa unción».

El sacerdote Antimo Nguema en la capilla del Hospital de Torrejón

El sacerdote Antimo Nguema en la capilla del Hospital de TorrejónDiócesis de Alcalá

Fuertes también ha presenciado la acción del Espíritu Santo en curaciones. Recuerda el caso de «una niña que bautizamos en la misma incubadora. La niña estaba prácticamente denostada para la vida y recibió el Bautismo y a los dos o tres meses la familia llamó pidiendo el Bautismo. No se podía repetir porque ya se había realizado, pero se hizo una celebración de acción de gracias. A la niña le habían dado pocas horas de vida, salió adelante hace ocho o nueve años y ya ha hecho la Comunión y está llevando una vida normal. Y después recuerdo también particularmente un señor de 88 años. Estaba la familia rezando y fui a darle la unción. A las pocas horas notamos todos una mejoría y dos días después le dieron el alta. De hecho, todavía está vivo. Nos llamó la atención el hecho de que prácticamente estaba desahuciado y fue a recibir la unción y salir adelante».

Por su parte, Nguema indica que «cuando vamos, vamos en nombre de Cristo y sabemos que es Cristo quien actúa, incluso en el momento de dar la santa unción. Lo que pedimos a Dios es que esa persona se fie de Dios porque, si leemos los evangelios, el Señor siempre pide fe y esta fe acompaña a esta oración que hacemos junto a la santa unción. No es un sacramento del último segundo de vida. Tras dar la santa unción, tengo la costumbre de preguntar al día siguiente cómo ha dormido la persona y encuentras que está bien. Por eso digo que siempre hay milagros en esa realidad y la gente tiene que confiar para pedirlo».

También conversiones

Los capellanes de hospital no solamente administran los sacramentos, también conversan y escuchan a los enfermos y familiares que lo solicitan. Antimo Nguema estuvo de capellán en el Hospital Príncipe de Asturias durante la pandemia y nunca se contagió del virus. Presenció «varias conversiones en distintas personas. Me llamaban, incluso, médicos y enfermeros, la gente se confesaba… Había muchas confesiones y mucho acercamiento. La gente llamaba al sacerdote, había mucho diálogo. Y después del coronavirus vi que muchos de ellos se acercaban a la capilla para agradecer al Señor».

También Fuertes conoce testimonios de aquella etapa del COVID-19, «de personas que han estado con enfermos, algún capellán, sanitarios, que han estado con gente que estaba sola en plena pandemia. Los médicos nos decían ‘cuidado con los voluntarios, cuidado con el trabajo que estáis haciendo porque os envían a morir aquí al hospital’ y en cambio hay gente que estuvo todos los días y ni siquiera tuvo síntomas ni se contagió del coronavirus».

«Un frente de batalla»

Para Pablo Fra, «el hospital es como un frente de batalla, ves de todo. Hace poco, una chica me llamó para que fuese a ver a su madre. La señora había renunciado a la fe, no apostató pero no quería saber nada de Dios. A esta mujer le detectaron un cáncer terminal y entonces los hijos llamaron al capellán. Fui a hablar con ella y de primeras dijo que «le han llamado mis hijas, si yo no tengo fe, yo no quiero saber nada de Dios, ni de la Iglesia».

A la semana siguiente, esta persona que renegaba de Dios me pidió la confesión y la comunión. Pude hablar con ella, darle el sacramento de la confesión y fue muy bonito porque me dijo que ‘es como si hubiese hecho otra vez mi primera comunión, qué bueno es Dios conmigo‘ y empezó a hablar muy bien de Dios. A la semana siguiente le di la unción porque la iban a sedar y la familia me llamó. Pudo despedirse de sus mejores amigos, y antes de sedarla y que se quedase dormida pudo recibir la unción. En dos semanas recibió todo lo que se podía recibir. Ella misma, antes de dormirse del todo le daba gracias a Dios porque decía que la había recogido a última hora, es decir, Dios había esperado al final para encontrarse con ella. Cuando comulgó se emocionó, fue súper bonito. Luego ya, desgraciadamente, falleció».

La inestimable ayuda de voluntarios

Además de la presencia de los capellanes, en el Hospital del Sureste y en el Hospital Príncipe de Asturias se cuenta con el Servicio de Asistencia Religiosa Católica (SARC) formado por voluntarios que ayudan y atienden intentando llevar una presencia de consuelo y de atención a la gente que más lo pueda necesitar. Están ahí para llevar a Cristo y a la Iglesia a todo rincón de los hospitales y muchas veces llegan a donde los capellanes no pueden llegar. Los voluntarios sirven de nexo entre los enfermos y el capellán, al cual avisan cuando alguien necesita atención espiritual o un sacramento.

Muchas personas no conocen la presencia de la figura del capellán en los centros hospitalarios. «Yo siempre voy por los pasillos, hablo con la gente, saludas, preguntas si ha venido de consulta o si tiene un familiar enfermo, das una estampita, les dices que aquí hay un capellán, que si lo necesitan se lo digan a los enfermeros o a los médicos, y nos van a llamar y vamos a acercarnos con tranquilidad y humildad. Hace falta una entrega total de decir ‘yo estoy disponible para ello’. La oración es fundamental. Yo remarcaría bastante que en el seminario se forme también en este ámbito», comenta Nguema.

Tanto los voluntarios como los capellanes tienen muy arraigada la ayuda al prójimo en la enfermedad. A José Manuel Fuertes le ha marcado su ministerio sacerdotal el hecho de poder atender pastoralmente a los enfermos en el hospital. Echa la vista atrás más de un cuarto de siglo y rememora «que sufrí un accidente en el año 2000, en Tor Vergata (Roma), me fracturé el fémur. Estuve seis o siete meses hasta que me pude recuperar. Había una religiosa, un fraile y un sacerdote que día a día cruzaban la ciudad para atenderme y llevarme la comunión. Noté que gracias a ellos todas las puertas se me estaban abriendo a partir de la dificultad. Entonces, mi atención ha sido el volcarme en este campo de la atención a los enfermos y a los últimos».

Los capellanes de la diócesis de Alcalá de Henares continúan con su labor en los hospitales. Los que llevan mucho tiempo ya han perdido la cuenta de las veces que han administrado la unción de enfermos. Fra destaca que ha vivido dos experiencias bonitas de curaciones entre las «más de cien unciones que he impartido. Entonces, la probabilidad de curaciones milagrosas es muy baja. Es verdad que luego la gente te ve con otros ojos, Yo me sentía, entendiéndanme bien, ‘como Superman. Tengo poderes’, pero la fuerza viene de Dios».

Y añade el capellán del Hospital Príncipe de Asturias que «esta pastoral me está ayudando a estar disponible, me abre el espíritu a la disponibilidad. Y me ayuda a experimentar la muerte en un mundo en el que rechazamos el dolor y el sufrimiento. Convivir con la muerte diaria. Eso te hace madurar».

«A los enfermos le llevas una alegría enorme. Hay muchas personas que no tienen a nadie. Van los médicos, van los enfermeros, las personas de limpieza y saludan, pero quieren ver a alguien que les diga ‘cuéntame todo lo que estás pasando interiormente’. Y se desahogan. Por encima de que les vas a ofrecer después confesión sacramental, la santa unción, la comunión, cualquier otra realidad, llevarle el Evangelio, por encima de eso. En los hospitales nos necesitan y nosotros debemos estar ahí para transmitirles esta alegría. Eso sí, el sacerdote tiene que estar alegre, porque si no…, no es bueno ir a paliar una pena y luego llevar tú otra pena, para así no derrumbar al pobre paciente. Con una sonrisa, con una paz interior, con una entrega total. Si no hay paz en tu interior es difícil transmitir ser alegre», destaca Antimo Nguema.

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