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Comienza el proceso de beatificación del padre Ayala, el jesuita que «quiso llevar la fe a todos los rincones de la sociedad»
Madrid acogió el acto de apertura de la fase diocesana del proceso de beatificación del fundador de la Asociación Católica de Propagandistas
El sacerdote Ángel Ayala Alarcó, SJ ya está, oficialmente, camino a los altares. El aula magna del colegio mayor universitario San Pablo de Madrid ha acogido esta tarde el acto de apertura de la fase diocesana del proceso de beatificación del jesuita fundador de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP).
Inauguró el evento el presidente de la Asociación, Alfonso Bullón de Mendoza, quien agradeció especialmente al arzobispado de Madrid la posibilidad de haber puesto en marcha el proceso y destacó «la fama de santidad que acompaña al padre Ayala; hombre de Dios, educador, director espiritual y formador de generaciones de laicos comprometidos con llevar la fe a todos los rincones de la sociedad». «Se trata de un gesto de gratitud, justicia y responsabilidad» hacia la figura del jesuita, subrayó Bullón de Mendoza, quien recordó que el sacerdote fue el primer rector del Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI) y del colegio mayor de Areneros. «Que el proceso dé frutos abundantes», pidió el presidente de la ACdP, que dio paso a un nuevo vídeo que recorre la biografía del padre Ayala. «Tenía un don especial para promover obras y formar líderes», recogen sus biógrafos.
Pablo Sánchez Garrido, postulador de la causa del padre Ayala, repasó la vida del jesuita nacido en Ciudad Real en 1867 y fallecido en 1960, y realizó la petición formal de incoación del proceso de beatificación al arzobispado de Madrid, representado en el acto por uno de sus obispos auxiliares, monseñor Juan Antonio Martínez Camino. «Su ejemplo constituye una aportación singular a la Iglesia, especialmente por su empeño en evangelizar en la vida pública y formar cristianos capaces de influir en la sociedad desde una fe vivida desde la valentía y una parresia evangélica para mayor gloria de Dios», destacó Sánchez Garrido. Tras la aceptación por parte del obispo, el coro entonó el Veni Sancte Spiritus.
Con este acto, el sacerdote Ángel Ayala ya está oficialmente camino de los altares
En el acto se procedió a la lectura del nihil obstat emitido por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, en el que se anunciaban los nombres de las personas que conformarán el tribunal que se encargará de la fase diocesana del proceso de beatificación.
Monseñor Martínez Camino agradeció la labor de los «que habían hecho posible» la apertura de proceso en su fase diocesana, ya que «habéis hecho un gran bien a la Iglesia», así como a la Compañía de Jesús, congregación a la que perteneció el sacerdote. Gracias al «buen trabajo realizado hasta ahora», señaló el obispo auxiliar de Madrid, «se hará posible que la Iglesia pueda pronunciarse en un futuro sobre la beatificación».
«Qué quería Dios que saliera de allí»
En 1908, el padre Ayala convocó en el colegio de Areneros (Madrid) a un pequeño grupo de jóvenes laicos con el deseo de «ver lo que quería Dios que saliera de allí». De aquel encuentro nació la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, germen de la actual ACdP, que jugaría un papel decisivo en la vida pública, cultural y educativa de España durante el siglo XX. Fue también impulsor de numerosas iniciativas educativas y sociales, entre ellas el citado Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI) y el diario El Debate.
«Hombre de gobierno, formador incansable y gran creador de obras», el Padre Ayala fue superior de varias comunidades jesuitas durante más de treinta años. Autor prolífico, dejó una amplia producción escrita centrada en la educación, la libertad y la formación de minorías creativas cristianas.
Monseñor Martínez Camino agradeció la labor de los «que habían hecho posible» la apertura de proceso
Los que le conocieron destacan de él su alegría serena, su optimismo y su confianza en la acción de Dios, virtudes que marcaron profundamente a quienes le trataron. Falleció en Madrid el 20 de febrero de 1960, dejando tras de sí una fecunda herencia espiritual y apostólica.