Sole, en el centro, en 1990 con sus padres
Sole, la filóloga inglesa de la Complutense que «toreó con garbo la enfermedad»
Un nuevo libro recoge la vida de Soledad Pérez de Ayala Becerril, que falleció en 2011 tras una larga enfermedad y que dejó «el buen olor de Cristo»
Algo debía de tener para que, quince años después de su muerte, muchos sigan hablando de Soledad Pérez de Ayala Becerril (1966-2011), una Doctora en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid, donde impartió clase y se dedicó a la investigación desde 1991. «Fue inmensamente querida por sus alumnos como una excelente profesora», aseguran quienes la conocieron. Ahora, Clara Martínez Gomariz ha concluido y publicado la biografía que comenzó Manuel Iglesias, SJ y que quedó inconclusa tras su fallecimiento en 2022: Un padrenuestro que se las trae (editorial Fonte).
Nacida en 1966 en el corazón de un hogar profundamente cristiano, fue la tercera de cinco hermanos. De sus padres, José Luis Pérez de Ayala y María de los Ángeles Becerril, «aprendió a vivir la fe de una manera natural», según Martínez Gomariz.
Empezó sus estudios en el Institut Saint Dominique de Madrid. Allí recibió la Primera Comunión y dio sus primeros pasos en el aprendizaje de los idiomas, por los que siempre tuvo una gran afición. Cuando tenía 12 años la cambiaron al colegio Mater Salvatoris donde, «como prolongación de lo que ya vivía en casa, continúa ahondando en su formación cristiana, que transparentaba con su delicadeza y discreción».
Al acabar el bachillerato, en 1985, se consagró a la Virgen en la Congregación Mariana Mater Salvatoris, «cuya espiritualidad vivió fielmente con el deseo de ser las manos visibles de María en la tierra». «Su progresivo descubrimiento de la espiritualidad ignaciana moldeó su alma, marcándola para esta vida y la eternidad con el sello de la consagración a la Virgen, a la que interpreta como 'clave esencial para entender el Evangelio, pues nos trae a Cristo y los lleva a Cristo'», prosigue su biógrafa.
Casada en 1997 con el economista Paul Coma Brun, «su matrimonio fue un signo visible de fidelidad y entrega». Con él tuvo tres hijos, Sol, Juan y Cristina, «haciendo del amor familiar una vocación plena».
Sole, el día de su boda
Ganó dos oposiciones, y desde 1991 ocupó el puesto de profesora titular en la Facultad de Filología Inglesa de la Universidad Complutense. «u trabajo no era solo profesión, era misión», sentencia su biógrafa. «A través de la lengua y de la belleza de las palabras, Sole buscaba iluminar a sus alumnos con dedicación, rigor y servicio», agrega.
Llega la enfermedad
Un cáncer de pecho incurable atravesará el cuerpo de Sole sus cinco últimos años de su vida, sacando a la luz la grandeza de su alma. «Sus 39 años anteriores había sido, sin ella saberlo, la lenta preparación de su esplendoroso final», observa Martínez Gomariz. «Es cierto que enfermedad le condujo a una muerte física, pero reveló lo que su alma encerraba: la certeza que obtuvo de que era hija amadísima de Dios, y que el sentido de su vida era descubrir su amor, su ternura, su misericordia y dejarse amar por Él», enfatiza. «Sole consiguió transmitir ese amor en el apostolado testimoniado de la serena y alegre aceptación de Su voluntad, en el abandono confiado al seguimiento de su Maestro hasta la cruz, a cuyos pies siempre está María», remacha.
«La grandeza de Sole no estuvo en nada extraordinario, sino en vivir cada día como respuesta al amor de Dios», constata su biógrafa. Una vida sencilla como mujer, hija, esposa, madre, profesional y congregante que recuerda que «la santidad como llamada universal de los bautizados —la real, la posible, la cercana— sigue siendo hoy un camino abierto para todos».
Sole, con su marido e hijos
«Hay existencias que no hacen ruido, pero cambian para siempre la vida interior de quienes las contemplan. Soledad Pérez de Ayala Becerril —«Sole»— emerge en esta biografía como una figura discreta, pero que resplandece con la serena luz de la Verdad», concluye.