Monseñor Vera, ante el Señor de Huanca, imagen milagrosa de Cuzco (Perú)
Un obispo español alerta del yihadismo: «Tenemos un millón de refugiados en Mozambique y nadie habla de ello»
El prelado está a cargo de una zona de la que muchas organizaciones han huido «por miedo al terrorismo, por miedo a la muerte»
«Llegué el día 12 de enero del año 2000», recuerda con precisión monseñor Alberto Vera, en una entrevista reciente que ha concedido a la archidiócesis de Oviedo. El prelado, nacido en un pueblo riojano fronterizo con la provincia de Soria, es religioso trinitario y obispo de la diócesis de Nacala, al norte de Mozambique.
Monseñor Vera está a cargo del pastoreo espiritual de gente muy sencilla, campesinos y pescadores. Vive muy cercano a «una realidad, podríamos decir, de hace 500 años», asegura. Esa parte de Mozambique, sin embargo, se encuentra desde hace casi una década amenazada por el grupo yihadista Al-Shabaab, que controla de facto «unos 35.000 o 40.000 kilómetros cuadrados», afirma el mitrado, una extensión comparable a Extremadura.
Mapa de ciudades del norte del país, Nacala al este. Los yihadistas controlan la franja entre Pemba y Tanzania
El señoreo violento de este trozo de terreno en el extremo noreste del país ha provocado el desplazamiento forzado de 800.000 mozambiqueños, que han huido erráticamente hacia ciudades más al sur, escapando sin orden ni concierto de la quema de iglesias y mezquitas y el linchamiento de cristianos o musulmanes que «no cumplían las leyes como ellos consideraban», sentencia el obispo.
«Los que han tenido que salir de su tierra han perdido todo», se lamenta. El no poder «volver a sus raíces, a su tierra y a donde están enterrados sus antepasados» es lo que más hiere a los desplazados, agrega el mitrado. Los islamistas radicales han segado la vida de 6.000 personas desde el año 2017, para desesperación de los que han huido. «No nos olvidemos de aquellos que están en estos campos y que dependen totalmente de las ayudas de otros», suplica. Hoy mismo mucha gente está tan desesperada que dicen «Prefiero regresar y que me maten los terroristas antes que quedarme aquí y morirme de hambre», revela el prelado.
Dejados a su suerte
«Hay numerosos conflictos internacionales de los que oímos a diario pero aquí tenemos a más de un millón de desplazados y nadie habla sobre ello», espeta el obispo. Por ello, los refugiados «se sienten abandonados del mundo». El obispo de Pemba, diócesis vecina, monseñor Antonio Giuliasi, sufre una crisis humanitaria análoga. Ambos mitrados no se cansan de pedir auxilio.
«Muchas ONGs, debido al peligro, han abandonado el trabajo». Todas esas organizaciones, a priori benéficas, «han salido huyendo por el miedo al terrorismo, por el miedo a la muerte», reclama monseñor Vera.
Monseñor Vera estuvo presente en La Noche de los Testigos en Valladolid, hace unos días
«Perdonad setenta veces siete»
«No he recibido ninguna amenaza —asegura el obispo—. Me siento muy seguro por las personas que tengo a mi alrededor, por el trabajo que realizo con los musulmanes, que es un trabajo de mucha armonía, de mucho respeto y de mucho entendimiento mutuo». La labor que realiza monseñor Vera va muy de la mano del entendimiento con los mahometanos locales. Ambas religiones, perseguidas por los yihadistas —unos por ser 'infieles' y otros por no practicar el 'islam verdadero'—, últimamente están teniendo problemas para entenderse.
Algunos musulmanes han prohibido recientemente que los cristianos participen en sus funerales, «a veces con insultos», incide monseñor Vera. «Eso es una cosa muy ofensiva», zanja el obispo, «porque las familias que hay en estas regiones son familias donde hay musulmanes y cristianos». El prelado ya ha tenido reuniones con los líderes islámicos locales, buscando una necesaria reconciliación. «Como cristianos, tenemos que vivir el perdón, la oración y la tolerancia mutua para poder seguir entendiéndonos y cada uno vivir su propia religión», concluye.