Fotografía de la tradicional procesión de las Palmas del Domingo de Ramos, en León (Castilla y León). EFE/ J.Casares
Semana Santa 2026
¿Qué se celebra el Domingo de Ramos?
El Domingo de Ramos conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén
Este 29 de marzo se celebra el Domingo de Ramos, el sexto domingo de Cuaresma y el día que da comienzo a la Semana Santa, la festividad religiosa que conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. El Domingo de Ramos celebra la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, un evento mencionado en cada uno de los cuatro evangelios canónicos.
Este día suele celebrarse con la bendición y distribución de ramas de palma, olivo u otros árboles nativos, que representan las ramas de palma que la multitud esparció frente a Jesús mientras entraba en la ciudad.
La fecha del Domingo de Ramos cambia cada año
La Semana Santa y, por tanto, el Domingo de Ramos, día que da inicio a la misma, no tiene una fecha fija sino que cambia cada año. Esto es así porque depende de la relación entre los ciclos lunares y la Pascua de Resurrección que se estableció en el Concilio de Nicea I, celebrado en el año 325 d. C. En aquella asamblea, convocada con el propósito de unificar criterios doctrinales y organizativos, se abordaron también cuestiones relativas al calendario litúrgico, entre ellas la fijación de la fecha de una de las festividades más importantes del cristianismo.
¿Qué significan los ramos de palma?
Los ramos de olivo y de palma empleados en esta celebración poseen un profundo significado simbólico dentro de la tradición cristiana. Representan, ante todo, la bendición divina, así como la protección y la ayuda que Dios concede a los fieles. De este modo, no se trata únicamente de elementos decorativos o rituales, sino de signos visibles de una realidad espiritual más amplia, vinculada a la confianza en la providencia y al amparo que los creyentes esperan recibir en su vida cotidiana.
Al mismo tiempo, estos ramos evocan la renovación de la fe en Dios. Su uso en la celebración invita a los participantes a recordar y reafirmar su compromiso espiritual, en una jornada que remite a un acontecimiento de especial relevancia dentro del calendario litúrgico. En paralelo, las palmas y los olivos también hacen memoria de la proclamación de Cristo como Rey del Cielo y de la Tierra, subrayando así su dimensión de autoridad espiritual y su reconocimiento por parte de quienes le seguían. Este simbolismo, arraigado en la tradición, refuerza el sentido de la celebración y conecta a los fieles con los episodios que se conmemoran.
Por otra parte, el color litúrgico propio de este día es el rojo. Esta tonalidad no es casual, sino que responde a su asociación con la Pasión. El rojo, en este contexto, adquiere un valor profundamente evocador, ya que remite al sufrimiento y al sacrificio, elementos centrales en el significado de la jornada. Así, la elección de este color contribuye a crear un ambiente que invita a la reflexión y al recogimiento, en consonancia con el carácter de la celebración.