Su evolución estética fue clave para definir la imagen actual de las procesiones
Semana Santa 2026
El origen del capirote que llevan los nazarenos en Semana Santa
La estructura interna mantiene la forma cónica de cartón o rejilla, mientras que en la antigüedad se utilizaban materiales más rudimentarios
El origen del capirote que llevan los nazarenos se remonta a los tiempos de la Santa Inquisición. Durante los siglos de vigencia de este tribunal, las personas condenadas por delitos religiosos o faltas contra la fe debían vestir el llamado sambenito, una prenda que servía para señalar públicamente su arrepentimiento o su castigo.
Este atuendo se completaba con un gorro de tela en forma de cono, cuya función era someter al reo a la humillación pública mientras recorría las calles hacia el lugar de su ejecución o penitencia.
La forma puntiaguda del gorro no era casual, pues buscaba que el condenado estuviera más cerca del cielo, facilitando así, de manera simbólica, que Dios pudiera ver su pecado y su posterior arrepentimiento. Con el paso de los siglos, hacia el XVII, las hermandades de Semana Santa en Sevilla decidieron adoptar esta prenda, pero dándole un sentido radicalmente distinto.
En lugar de representar una condena impuesta por terceros, el capirote pasó a simbolizar una penitencia voluntaria elegida por el fiel para expiar sus propios errores.
Nazarenos de la cofradía de la Pollinica durante la procesión
Evolución estética del nazareno
La evolución estética también fue clave para definir la imagen actual de las procesiones. Al diseño original se le añadió la fábula o antifaz, esa tela que cubre el rostro y los hombros del nazareno.
El objetivo de este añadido es garantizar el anonimato del penitente, permitiendo que el acto de fe y sacrificio se realice en la más estricta humildad, sin que la identidad del individuo cobre protagonismo por encima del rito religioso.
Hoy en día, la estructura interna que mantiene la forma cónica suele ser de cartón o rejilla, mientras que en la antigüedad se utilizaban materiales más rudimentarios. Aunque visualmente impactante, el capirote moderno conserva esa herencia de la Inquisición, transformada ahora en un emblema de recogimiento y tradición que define la estética de las festividades religiosas en España.