Imagen de archivo de una procesión de Domingo de Ramos en Elche
Domingo de Ramos: ¿Por qué se celebra y se usan ramas de olivo o palmas en misa?
Es de las fechas más el Domingo de Ramos abre cada año la Semana Santa con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, una celebración cargada de simbolismo que combina la alegría de las palmas agitadas con el anuncio de la Pasión que está por comenzar
Cada año, el Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa con una escena profundamente arraigada en la memoria cristiana: Jesús entrando en Jerusalén montado en un humilde borrico mientras la multitud lo recibe con ramos de palma y de olivo. Esta celebración no tiene una fecha fija en el calendario civil: depende siempre de la Pascua y, por lo tanto, del ciclo lunar. Por eso cada año se sitúa en un domingo distinto, siempre el anterior al Domingo de Resurrección.
Lo que hoy se vive en parroquias y calles no es una tradición decorativa, sino el recuerdo vivo de un acontecimiento histórico que dio comienzo a los últimos días de la vida terrena de Jesús. Es el punto de partida del Via Crucis, del camino hacia la cruz.
La Borriquita de Huelva, durante un Domingo de Ramos
El rey que monta un borrico
Para comprender el sentido profundo de lo que sucederá durante la Semana Santa, es necesario volver a esta escena. Jesús entra en Jerusalén como rey, sí, pero no como los reyes que los fariseos y doctores de la ley esperaban: no a caballo, símbolo de poder real-militar, sino sobre un sencillo pollino, como un aldeano más. Él mismo pidió a sus discípulos que buscaran un burro, cumpliendo así la profecía del Antiguo Testamento que anunciaba a un rey justo, victorioso y humilde. La multitud lo aclamó extendiendo sus mantos y agitando ramas. Este gesto, que hoy nos parece festivo, para los hebreos de aquel tiempo estaba cargado de un significado espiritual que la Iglesia ha conservado durante siglos.
Las palmas y ramas de olivo que los fieles llevan en este día, y que muchos guardan en sus hogares todo el año, expresan dos realidades fundamentales: la paz (olivo) y el testimonio firme de la fe (palmas). Esas mismas palmas jubilosas serán quemadas para convertirse en ceniza el Miércoles de Ceniza siguiente, recordándonos la fragilidad humana y la necesidad de conversión. También reflejan la inconstancia de la multitud, que pasa del «Hosanna» al «Crucifícalo» en cuestión de días.
Aunque el color litúrgico del día es el rojo, señal de la Pasión, el Domingo de Ramos también proclama la realeza de Cristo y anticipa su victoria final. Durante la misa se proclama la Pasión, preparando el corazón de los fieles para el misterio de la cruz. Es un día de alegría y de sobriedad a la vez: la puerta que abre la Semana Santa y nos invita a seguir a Cristo en su entrega total.