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Monseñor Gómez, hace unos días, con dos Mossos

Monseñor Gómez, hace unos días, con dos MossosObispado de Sant Feliu

La curiosa pregunta del obispo de Sant Feliu a la IA: «¿Llegarás a sustituir en el futuro a los sacerdotes?»

«Cuando Dios llama, no lo hace a través de un algoritmo», señala monseñor Xabier Gómez en su última carta pastoral

Cada vez son más personas las que acuden a la Inteligencia Artificial para resolver sus dudas. En esta ocasión, el obispo de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona), monseñor Xabier Gómez García, OP, ha querido realizar un curioso experimento: preguntar al oráculo digital si «podrá la IA sustituir en el futuro a los sacerdotes».

El prelado lo explica en su última carta pastoral, titulada Recemos todos por todos. «La respuesta ha sido: no (gracias a Dios)», desvela el dominico. Esta anécdota le da pie a comenzar una oportuna reflexión: «El cristianismo es la religión del cuerpo. La Encarnación y la Pascua nos lo recuerdan: Dios salva acercándose, tocando, mirando a los ojos». «La fe no es un manual; es un encuentro de cuerpo a cuerpo, de corazón a corazón. Porque el amor no se descarga, se ofrece y se comparte», señala el prelado.

Por eso, «ningún algoritmo, por sofisticado que sea, puede sostener o acompañar a un enfermo o a un preso, ni celebrar con alegría proyectos de vida; no puede bendecir ni abrazar en un duelo; no puede escuchar con misericordia una vida herida y abrirla al perdón. No puede partir el Pan con una comunidad querida ni hacer presente al Señor como don». «Cuando Dios llama, no lo hace a través de un algoritmo, convoca personas, testigos, gente que se juega la vida por amor», agrega.

Del algoritmo al cambio de ritmo

«Necesitamos sacerdotes que hagan visible al buen Pastor (Jn 10,11), que anuncien el Evangelio, celebren los sacramentos y cuiden al pueblo con el oficio del amor», resuelve el obispo de Sant Feliu, «garantizando» así el futuro del sacerdocio. «Sacerdotes que se conviertan en puentes entre cielo y tierra, entre las personas y la comunidad de creyentes, no muros; que escuchen con el corazón y hagan de la Iglesia una casa para todos», subraya. «Pasemos del algoritmo a un cambio de ritmo». propone. «Más oración, menos pantallas; más Palabra, menos huidas; más confianza y relaciones auténticas. Si queremos encontrar nuestro camino, entremos con Cristo en el silencio, adoremos, dejémonos acompañar», agrega.

«Que no sea la IA quien nos ordene la vida, sino el Espíritu Santo», concluye el dominico. «Y que la respuesta sea sencilla y valiente: 'Me fío'», invita.

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